martes, 23 de junio de 2015

EL PAPA FRANCISCO DIJO QUE APRENDIÓ A AMAR A LA VIRGEN MARÍA, CON LOS SALESIANOS.



Queridos amigos y lectores:

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1. Tal vez muy pocos sepan que el Papa Francisco, siendo niño, cursó el sexto grado en un internado de los Padres Salesianos, en Buenos Aires. Allí se fue acrecentando su espiritualidad, gracias a la orientación recibida de eminentes sacerdotes salesianos que marcaron su vida, según lo cuenta él mismo en una bien documentada carta.

2. S.S. Francisco,
profundo conocedor ahora, y admirador de los Padres salesianos, llegó a Turín, hace dos días, en el marco de las celebraciones por el bicentenario del nacimiento de Don Bosco, cuya pedagogía le ayudó al niño Bergoglio a grabar en el alma muchos valores espirituales, como la alegría y el amor a la Virgen María, por citar solo dos de ellos, hasta hoy vigentes en su espiritualidad y en sus expresiones tan joviales y afectuosas.

3. Siento la necesidad de manifestar que también a mí me tocó igual dicha: conocer a los Padres salesianos desde la niñez, y formarme con ellos, desde el quinto grado, en Córdoba, hasta terminar los estudios de Filosofía, en esa misma provincia, teniendo entonces 19 años. 

Tan profunda experiencia marcó mi vida a fuego, como la de tantos otros exalumnos salesianos, especialmente en lo referente al amor a la Eucaristía, a la Virgen María y al Papa, los "tres amores blancos", según decía Don Bosco.
Transcribo aquí algunos datos referentes los acontecimientos antes citados:
  • La visita del Papa Francisco a Turín,
  • su experiencia de niño con los padres salesianos,
  • y mi experiencia salesiana que permitió anidar y crecer en mi alma tantos valores, que hoy pautan mi conducta, tal como lo expreso en la Introducción a mi libro "Ruta de Luz".
     

    De ese libro transcribo uno de mis tantos poemas a la Virgen María, y una estrofa de un extenso poema a la Eucaristía.
Lo hago con el único propósito de confirmar que la formación salesiana, al menos la de aquellos tiempos, dejaban huellas indelebles, vivamente guardadas en el alma de los educandos, para el resto de la vida. 
Jocosamente decíamos en aquel entonces:

"La educación salesiana imprime carácter", cualidad que tienen solo ciertos Sacramentos.
  • Primeramente, las noticias de la visita del Papa Francisco a Turín
  • Seguidamente su experiencia en el internado salesiano
  • Y en tercer lugar, mi experiencia personal en dicha Congregación religiosa, y los poemas anunciados.

    PRIMERO:

    Papa Francisco en Turín: "Aprendí a amar a la Virgen María, con los Salesianos"

    TURÍN, 21 Jun. 15 / 05:58 pm (ACI/EWTN Noticias).- En el marco de su visita apostólica a Turín, el Papa Francisco se reunió con los Salesianos, que celebran este año los 200 años del nacimiento de su fundador, San Juan Bosco.



















    Papa Francisco en su encuentro con los Salesianos en Turín. Foto: Captura de video / CTV.
    Papa Francisco en su encuentro con los
    Salesianos en Turín.
    Foto: Captura de video / CTV.


    La Basílica de María Auxiliadora fue el lugar en el que los hijos de Don Bosco y las Hijas de María Auxiliadora escucharon al Papa, quien, al entrar en el templo, oró frente a la tumba del santo durante unos minutos.

    El Papa decidió dejar a un lado el discurso que tenía previsto e improvisó sus palabras en las que precisamente habló de su cercanía con esta orden religiosa.

    “He pensado mucho que decirles a ustedes, lo he escrito, pero es demasiado formal”, comenzó diciendo. “Se lo entrego al Rector Mayor para que se lo haga conocer”, dijo entre aplausos.
    Francisco les indicó que “quisiera hablarles de mi experiencia con los Salesianos”.

    “Mi familia ha estado siempre muy unida a los Salesianos. Mi padre, apenas llegó a la Argentina fue hasta los Salesianos”  y “conoció a muchos de ellos”. “Rápidamente se aficionó a un equipo de fútbol (el San Lorenzo) que había fundado un salesiano en 1908 con los chicos de la calle, que tiene los colores de la Virgen, rojo y azul”.

    “No sé qué opinan, pero para mí es el mejor equipo de Argentina… han sido muchas veces campeones”, dijo.

    El Papa señaló que “allí conoció a mí madre, que vivía a pocos metros y se casaron". La ceremonia estuvo a cargo de un sacerdote misionero Salesiano de la Patagonia amigo de la familia.

    “Él también me bautizó, yo me confesaba con él, y después guió mi vocación. Por eso “tengo tanto reconocimiento hacia la familia salesiana por lo que han hecho en mi vida”.

    “Yo allí aprendí a amar a la Virgen, los Salesianos me formaron en la belleza, en el trabajo, y esto creo que es un carisma suyo, me formaron en la afectividad y esto era una característica de Don Bosco”,
    aseguró.“Con el amor formaba la afectividad, hacía natural la afectividad de los chicos, que le llevábamos flores a la Virgen”.

    “Creo que Don Bosco fue capaz de educar la afectividad a los chicos porque tuvo una madre que educó la propia afectividad. Una madre buena, cariñosa, fuerte”, por eso “no se puede entender a Don Bosco sin su madre doña Margarita”.

    “Don Bosco trabajó con los jóvenes que estaban sin trabajo, sin estudios, en la calle”.“Hoy con una situación donde el 40 por ciento de los jóvenes de Italia a partir de los 25 años en adelante no tienen trabajo, ni estudian, ustedes Salesianos tienen el mismo desafío que tuvo Don Bosco. Tomar a estos jóvenes”.
     
     Pero, ¿qué hacía el santo? El mismo Francisco dio la respuesta: “El deporte, porque lleva a ser social, a una competitividad sana, a la belleza de trabajar todos juntos, y después la educación. Don Bosco hizo pequeñas escuelas para educarles, donde aprendían un arte o un oficio”.
     
      “Creo que hoy los chicos de la calle necesitan una educación de emergencia: poco tiempo pero con un oficio práctico y después ya se verá”.
El periódico 'L'Osservatore Romano' publicó la pasada semana la segunda parte de una carta del Papa Francisco, enviada a un compañero sacerdote en 1990, en la cual le narraba todas las cosas que aprendió durante el sexto grado que estudió en la escuela salesiana en su natal Buenos Aires.

La carta es admirable debido a que el entonces reverendo Jorge Mario Bergoglio recordaba los nombres de todos sus instructores sacerdotales de cuatro décadas previas. 


La carta fue escrita a un sacerdote salesiano en Argentina para elogiar la educación en Don Bosco que dijo Bergoglio haber recibido en la escuela Wilfred Baron de los Santos Ángeles en Ramos Mejía, en las afueras de la capital argentina.

La misiva fue descubierta recientemente en los archivos de la orden salesiana en Buenos Aires, y publicada en el diario del Vaticano.

Pero lo más importante es que recordaba lecciones particulares, incluida una noche de octubre de 1949 en la que aprendió sobre la muerte, la noche en que comenzó a decir sus oraciones antes de dormir (lo cual nunca ha dejado de hacer), y la profundidad de su admiración al equipo de fútbol San Lorenzo.

"Recuerdo haber aprendido en ese lugar a privarme de ciertas cosas y dárselas a las personas más pobres que yo"

El 20 de octubre de 1990 Jorge Mario Bergoglio escribió desde la provincia de Córdoba una larga carta al salesiano Cayetano Bruno, una persona considerada una eminencia en Iglesia Argentina, para recordar a Enrique Pozzili, el salesiano amigo de la familia que lo había bautizado el 25 de diciembre de 1936 y que había seguido su camino espiritual posteriormente.

La primera parte de la carta ya fue publicada por L'Osservatore Romano el pasado 24 de diciembre y hace unos días se publicó la segunda parte.

En esa segunda carta, Bergoglio habla de "sus recuerdos salesianos", en concreto del año 1949, cuando él tenía 13 años y asistía al Colegio Wilfrid Barón de Santos Ángeles en Ramos Mejía, en su ciudad de Buenos Aires.

Primera parte de la carta del actual Papa sobre sus recuerdos salesianos.
Segunda parte de la misiva escrita por Bergoglio sobre sus recuerdos salesianos.

TERCERO:

Mi experiencia con los salesianos



La describo muy extensamente, en mi libro "Ruta de Luz": un poemario que comencé a escribirlo desde los 10 años, en el Seminario menor de los salesianos de Córdoba, en una localidad conocida con el nombre de Colonia Vignaud, apellido de su fundador, un piamontés, mecenas de los salesianos.

A ese  amado terruño yo lo denominé:"mi oasis".

Digo en un párrafo de la Introducción del libro:


"Un día surgió en mí la idea de volver al Instituto donde estudié de niño.
Pisar de nuevo ese escondido lugar de la Argentina, al cual me gusta llamar "mi oasis".


Así como el éxodo desde los ensueños del pasado hizo posible mi ingreso en la luminosa realidad del presente, así también el éxodo desde esta realidad, hacia los sortilegios del pasado, me permitió comprenderlo, por fin e integrarlo, definitivamente, en mí.

Regresé a mi pasado: fue un acontecimiento importantísimo. No fue solo un desandar el camino en el espacio, sino también en el tiempo y las vivencias. Una peregrinación hacia mi interioridad...

Y fui descubriendo, con estremecida sorpresa, que ese Instituto, esa Basílica, todo ese terruño llamado Vignaud, constituían la esencia de mi ser: eran yo mismo".

 
Y ahora los dos poemas prometidos: 


El primero es un extenso canto de cincuenta versos, cada uno de 22 sílabas, dedicado a la Comunión Eucarística.
Lo compuse teniendo 18 años, con motivo del Congreso Eucarístico de Córdoba, en 1959, año en el que Bergoglio fue consagrado sacerdote.

Una de sus estrofas dice así:

Para aliviar nuestras dolencias, para apagar la sed de amor que nos abruma;
Para inundarnos con tu lumbre los tristes ojos oprimidos por la angustia;
Para volcar en nuestras venas todo el torrente de tu Sangre y tu ternura;
Y para hablarnos en silencio con el calor de tus palabras más profundas,
Te has encarnado en esa Hostia, que tu presencia irresistible nos oculta:
En esa Hostia que, en la boca, tiene el sabor de las espigas ya maduras...
Pero en el alma que ha llorado, ¡todo el consuelo de la luz y su dulzura!
Por tu venida se transforman en nuevos gérmenes de vida nuestras culpas;
Y nuestro amor se dignifica, porque eres Tú quien nos persigues y nos buscas,
Para que brote nuevamente tu amor que arraiga en nuestra almas infecundas.



El segundo es un soneto, también de aquella época, dedicado a la Virgen María, titulado APARECIDA.
Dice: 


No sé  si te soñé, Doncella pura,
como un lucero ardiente en mi camino...
pero te siento, Madre, en mi destino,
venciendo, con tu luz, a la negrura.


Tu dulce aparición en noche oscura,
fue alivio al timonel o al peregrino,
que hallaron en tu amor solaz divino,
rompiendo sus cadenas de amargura.


Tú antes, Tú después, Tú eternamente
cobijarás al mundo con tu manto,
haciendo renacer su dicha ausente.


¡Madre de Dios! Reina del mundo entero:
no sé si te soñé... pero mi canto
tiene, a tu lado, ritmo de lucero.


 

Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva


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