martes, 22 de agosto de 2017

DISCURSOS "INGENIOSAMENTE" TRADUCIDOS, FALSEAN EL CONTENIDO ORIGINAL



Queridos amigos y lectores:
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PONER SUBTÍTULOS FALSOS ES UNA MODA QUE PUEDE RESULTAR 
MUY HUMORÍSTICA O MUY DESHONESTA Y PERJUDICIAL, COMO LA DE ESTE VIDEO 
DONDE UN CURA "NIEGA" LA EXISTENCIA DE DIOS.
¡Le hacen decir lo que no está diciendo!

Debemos prestar mucha atención a los subtítulos que aparecen en los videos en los que se habla un idioma extranjero: los "traductores de humor" engañan, poniendo en la traducción, contenidos totalmente ajenos al original. Les acerco dos ejemplos:
 

1. Este es uno conocidísimo, y ya apliamente viralizado:

--- HITLER "SE ENTERA DE...": ESTOS SUBTÍTULOS SON LOS VERDADEROS.

Ese mismo video ha sido utilizado innumerables veces para ponerle subtítulos cómicos,como el siguiente:

FALSO : HITLER JAMÁS PRONUNCIÓ ESTE DISCURSO

Lo mismo ocurre con el siguiente video cuyos subtítulos no corresponden al tema orioginal:

FALSO: PUTIN JAMÁS PRONUNCIÓ ESTE DISCURSO.

COMENTARIOEstoy seguro de que muchas de las frases inventadas para este discurso de Vladimir Putin, pueden estar reflejando su pensamiento real. Pudo, incluso, haberlas dicho en alguna ocasión, tal vez no con las mismas palabras que figuran en los subtítulos. ¡Cuánto nos hubiera gustado que este video fuera real, y que Putin haya dicho todo eso!

Lo cierto es que ESOS SUBTÍTULOS ¡NO CORRESPONDEN A LO QUE PUTIN EXPRESA EN ESTE VIDEO!

De la misma forma pueden hacer esto con muchos otros videos, trucando las palabras de algún otro personaje famoso, tales como el Papa Francisco, o Donald Trump, o las de algún científico de renombre. No caigamos en la trampa.

Debemos DESCONFIAR DE LOS SUBTÍTULOS cuando el video aparece en un medio digital desconocido, o en alguno de los muchos sitios de humor o sátira, y no en un medio digital conocido por su seriedad y responsabilidad editorial.

Les ruego tener en cuenta esta importante advertencia, para no ser engañados en nuestra buena fe.

Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva

lunes, 21 de agosto de 2017

MUCHAS HOMILÍAS CATÓLICAS SON ABURRIDAS Y ALEJAN A LOS FELIGRESES



Queridos amigos y lectores:


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EL PAPA FRANCISCO HA DADO ORIENTACIONES PARA HACER HOMILÍAS PROVECHOSAS


A muchos de nosotros nos ha tocado sufrir la experiencia de escuchar homilías improvisadas, aburridas, insustanciales, cuyo efecto no es otro que el de inducirnos al sueño, o el de querer escapar de esa tortura.

En mi libro "Francisco super papa", me refiero a ese tema en el capítulo titulado "Modelo y Maestro de homilías", de donde transcribo algunos párrafos (página 237):

"Hay sacerdotes que predican muy bien, otros no tanto, y otros lo hacen mal.
Estos últimos aburren y, lamentablemente, muchas personas dejan de ir a misa para no tener que pasar por el sufrimiento de escucharlos.

La causa de este problema en la comunicación del mensaje evangélico, es la mala o nula preparación de la homilía, es decir, la improvisación, que le lleva al sacerdote a ir comunicando lo que le va viniendo a la mente, en forma desordenada y sin sentido, desviando incluso el tema del sermón hacia asuntos que no se relacionan con la palabra divina, tales con sus problemas personales, o los de ciertas personas de la parroquia, denunciadas de manera indirecta o directa, con alusiones personales, sin decir nombres,  o diciéndolos, o recordando noticias aparecidas en la prensa, por citar solamente algunos de los graves defectos que dejan sin valor ni contenido a muchas homilías.

Es obvio que cada persona tiene desiguales talentos para hablar en público, y de eso nadie tiene mérito ni culpa. Pero una buena formación en el arte de la oratoria, indispensable para todo sacerdote, puede ayudar mucho, aún a aquellos menos dotados para expresarse eficazmente ante un auditorio.

La oratoria es la ciencia y el arte de hacer buenos discursos, y que brinda, para ese fin, las normas a ser tenidas en cuenta por el orador. Hay libros muy valiosos sobre este tema. Pero no es mi propósito citarlos ahora, ni hablar aquí de ese arte, sino solamente señalar los tres fines de la oratoria, porque la homilía es una de sus formas: la oratoria sagrada.
Hablar bien en público es el producto de una habilidad aprendida y cultivada.

Y la alocución, discurso u homilía, debe prepararse, tal como se prepara una persona para cantar o ejecutar un instrumento delante de un público. Nadie haría eso sin haberse ensayado previamente: se consideraría una falta de respeto al público, y un atentado contra el propio buen nombre.

Sería sumamente penoso, en efecto, que un concertista se sentara a tocar el piano ante un público, sin haber estudiado antes la partitura: se olvidaría de algunos compases, cometería errores al pulsar las teclas, incurriría en repeticiones, en fin, sufriría él y haría sufrir a la audiencia, obligándola a pasar vergüenza ajena, debido a que se puso a improvisar, cuando todos esperaban un momento de deleite musical.

La esencia de la oratoria se resume en tres palabras: convencer, conmover, y mover.
De nada sirve que el orador haga un brillante discurso, pero no encendido, es decir, muy erudito pero sin poder de convicción.
Si las palabras del disertante no tienen esa fuerza transformadora, entonces todas las palabras resultarán una pérdida de tiempo. Por eso suelo decir en mis charlas y cursillos de oratoria: «si lo que vas a decir no te sale del corazón, mejor cállate».

Convencer, significa lograr que el auditorio encuentre lógica en lo que el orador dice; 
conmover se refiere a que los oyentes sientan emociones en su corazón por las palabras o los testimonios del orador; y 
mover, quiere decir que el discurso debe llevar a la acción: que los oyentes apliquen en su vida las orientaciones o propuestas del disertante.

De lo contrario las palabras del orador, sacerdote o profesor, serán escuchadas como quien oye llover, es decir con absoluta indiferencia.
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Algunos, literalmente, se duermen durante la homilía".


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Religión en Libertad

Álex Navajas alerta sobre el impacto negativo de las homilías rutinarias,
ñoñas, vacías, sin vida

21 agosto 2017

Álex Navajas alerta sobre el impacto negativo de las homilías rutinarias, ñoñas, vacías, sin vida
Obviedades, generalidades y frases huecas y sin vida son el cáncer de muchas homilías, denuncia Álex Navajas.
"En ocasiones, pienso que no hay derecho a hacerle perder 15 minutos a los 200 fieles que asisten a la misa diciendo obviedades, ideas vagas y ambiguas, repetitivas y sin vida", afirma el periodista Álex Navajas, colaborador habitual en diversos medios de prensa, radio y televisión, ex director gerente de Radio María y actual director de la hospedería del Valle de los Caídos.

Las consecuencias de esa mala preparación y de ese alejamiento de la "vida real de los feligreses" es que "uno va a misa, se aburre; le hablan de las cosas de Dios, se sigue aburriendo, y deja de practicar la religión por simple y llano aburrimiento". De ahí el título del artículo que recientemente publicó en Actuall: "Con homilías así, normal que haya ateos".

Muchos sacerdotes hablan para "auditorios que consideran convencidos". 
Sin embargo, a las parroquias acuden muchas personas necesitadas de 
orientación y ayuda y esperan recibirlas de la predicación. Las palabras 
ñoñas y las frases hechas no sirven para eso, recuerda Navajas.

Aunque consciente de que la homilía "no es la parte más importante de la 
eucaristía", Navajas recuerda que tiene un enorme "poder transformador 
de los corazones y las conciencias". En ese sentido pide a los predicadores 
católicos que tomen ejemplo de esos predicadores protestantes evangélicos 
que "hablan con pasión, con autoridad, con sencillez pero con profundidad, 
con veracidad, con conocimiento, con experiencia, con astucia, enraizados 
en el Evangelio".

Reproducimos a continuación el artículo íntegro:

Con homilías así, normal que haya ateos
Creo que fue San Juan Bosco quien dijo que la mejor arma que empleaba el 
diablo para alejar a los jóvenes de Dios era el aburrimiento. Así de simple. 
Uno va a misa, se aburre; le hablan de las cosas de Dios, se sigue aburriendo, 
y deja de practicar la religión por simple y llano aburrimiento.

Les tengo que confesar –es una apreciación personal y, por tanto, absolutamente 
subjetiva– que el 90% de las homilías que escucho son completamente prescindibles 
y aburridas. No son más que una repetición de palabras angostas y barrocas 
mezcladas con cierta ñoñería sensibloide e ideas generales y ambiguas que 
apenas nadie entiende. Ni siquiera el cura que las pronuncia.

Hay excepciones, más de uno me dirá, y es, evidentemente, cierto. Como en todo, 
hay sacerdotes que pronuncian homilías magníficas, vividas, experienciales y que 
emplean un lenguaje cercano y asequible a sus fieles.

Pero es curioso: Cristo cogió toda la complejidad y magnificencia del Reino de Dios 
y la simplificó en parábolas, con el fin de que todo el mundo las entendiera. 
Y muchos curas han hecho exactamente lo contrario: coger la sencillez de las 
parábolas de Jesús y elaborar unas predicaciones complicadísimas y aburridas.

¿Por qué no hablar con sencillez y, a la vez, con profundidad, del Reino de Dios? 
¿Es posible predicar sobre lo divino sin caer en ñoñerías, en simplezas y frases 
hechas?

Hace unos años descubrí a varios predicadores evangélicos de Inglaterra y de 
Estados Unidos. Desde entonces, sigo las homilías de varios de ellos por YouTube: 
Nicky Gumble, Judah Smith, Rick Warren, etc. Sus predicaciones nunca duran 
menos de 45 minutos, pero se hacen cortas. De hecho, si en mi ciudad hubiese un 
y deja de practicar la religión por simple y llano aburrimiento.

Les tengo que confesar –es una apreciación personal y, por tanto, absolutamente 
subjetiva– que el 90% de las homilías que escucho son completamente prescindibles 
y aburridas. No son más que una repetición de palabras angostas y barrocas 
mezcladas con cierta ñoñería sensibloide e ideas generales y ambiguas que 
apenas nadie entiende. Ni siquiera el cura que las pronuncia.

Hay excepciones, más de uno me dirá, y es, evidentemente, cierto. Como en todo, 
hay sacerdotes que pronuncian homilías magníficas, vividas, experienciales y que 
emplean un lenguaje cercano y asequible a sus fieles.

Pero es curioso: Cristo cogió toda la complejidad y magnificencia del Reino de Dios 
y la simplificó en parábolas, con el fin de que todo el mundo las entendiera. 
Y muchos curas han hecho exactamente lo contrario: coger la sencillez de las 
parábolas de Jesús y elaborar unas predicaciones complicadísimas y aburridas.

¿Por qué no hablar con sencillez y, a la vez, con profundidad, del Reino de Dios? 
¿Es posible predicar sobre lo divino sin caer en ñoñerías, en simplezas y frases 
hechas?

Hace unos años descubrí a varios predicadores evangélicos de Inglaterra y de 
Estados Unidos. Desde entonces, sigo las homilías de varios de ellos por YouTube: 
Nicky Gumble, Judah Smith, Rick Warren, etc. Sus predicaciones nunca duran 
menos de 45 minutos, pero se hacen cortas. De hecho, si en mi ciudad hubiese un 

sacerdote que hablase así durante sus misas, acudiría sin duda, aunque las homilías 
durasen tres cuartos de hora.

Hablan con pasión, con autoridad, con sencillez pero con profundidad, con
veracidad, con conocimiento, con experiencia, con astucia, enraizados en el
Evangelio. A veces, hasta tiran del humor. Sus predicaciones transforman, te hacen 
descubrir una verdad que permanecía oculta, te encienden. Son evangélicos, sí, pero 
comparten una gran parte del cuerpo doctrinal con el Magisterio de la Iglesia católica.

Sus iglesias crecen; los jóvenes acuden, el Evangelio es vivido, se forma comunidad.
Les tengo una sana envidia. No puedo evitar compararlas con nuestras parroquias
católicas, tantas veces impersonales, rutinarias, frías y meras dispensadoras de sacramentos.

Algunos alegarán al leer esto que ataco a los sacerdotes. Nada más lejos de mi intención. 
Los quiero, los admiro, tengo muchos amigos entre ellos y les ayudo en lo que está en mi mano.
Pero veo la realidad de muchas parroquias, y no puedo evitar pensar así.

Pero esto iba de las homilías. Es verdad que no es, ni mucho menos, la parte más
importante de la eucaristía. Pero es la que puede tener un mayor poder transformador
de los corazones y las conciencias. Y, en ocasiones, pienso que no hay derecho a
hacerle perder 15 minutos a los 200 fieles que asisten a la misa diciendo obviedades, 
ideas vagas y ambiguas, repetitivas y sin vida. Lo que no se vive no se predica.
Y la predicación que no se prepara desde la oración y la vivencia realista del día a día 
no llega a la gente.

Entre los 200 asistentes a la misa que mencionaba antes, hay mujeres que les han puesto 
los cuernos a sus maridos; maridos que maltratan física o psicológicamente a sus esposas; jóvenes que anoche se emborracharon y se liaron con un par de chicas; empresarios que engañan a sus clientes y empleados; empleados que hacen lo posible por escaquearse de su trabajo; niños que acosan a sus compañeros del colegio.

Por supuesto; no nos escandalicemos: entre los católicos que asisten a misa cada domingo, 
o incluso a diario, hay mentirosos, corruptos, violentos, fornicadores, adúlteros, criticones, odiadores, egoístas y envidiosos. Y también hay mucha gente herida por la relación con su esposo o esposa, adolescentes que se sienten solos y excluidos de su grupo de amigos, personas a la que les ronda por la cabeza la idea del suicidio, gente deprimida y cansada de vivir.

No; los 200 asistentes a misa no son ángeles. Tienen sus debilidades y sus heridas. 
Y el problema de los curas y de los políticos, como decía Unamuno hace ya casi un siglo, 
es que hablan para auditorios que consideran convencidos. Y ahí está el curilla, hablando de florituras y ñoñerías que ni él entiende y que no conectan con la vida real de los feligreses. 
Y el feligrés sale de misa igual que entró: con sus problemas, sus heridas y sin haber escuchado una palabra de esperanza. Si el fiel no encuentra la esperanza en la Iglesia, ¿dónde la va a hallar?

Quiero a los curas; rezo por ellos; con muchos tengo una relación de profunda amistad e intimidad, 
les admiro y trato de estar cerca de ellos siempre que lo necesitan. Pero falta en la Iglesia católica ese ardor, esa transmisión de esperanza y de fuerza que los feligreses necesitamos para vivir ardientemente el día a día.

Homilías vividas, apasionadas, claras, sencillas, amables, concretas, incluso amenas.
Tomen nota de algunos pastores evangélicos. En predicación tienen mucho que aportar.


Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva

viernes, 18 de agosto de 2017

EUROPA SE DESANGRA EN MEDIO DE SU OBSESIVA ACTITUD ANTICRISTIANA



Queridos amigos y lectores:

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ATENTADO TERRORISTA EN BARCELONA: 13 MUERTOS Y 100 HERIDOS GRAVES


¿Hasta cuándo Europa se empeñará en excluir a Dios, y dejar que la Muerte reine en sus aterrados países?
Les invito a todos los habitantes de Europa, a volver a adorar a Dios, como lo hacían antes.


Europa, antiguamente cuna del cristianismo, continente de las Catedrales más grandiosas y bellas del mundo, hogar de los más grandes santos, como San Benito, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, San Francisco Javier, San Juan Bosco, y artistas que enaltecieron a Dios en sus creaciones, como Dante, Cervantes, Shakespeare, Miguel Ángel, Veláquez, Leonardo Da Vinci, y una interminable lista, hoy ya no los valora, sino que los descarta en el oscuro archivo de su historia, para enaltecer los falsos valores del progresismo, del hedonismo y de la dictadura del relativismo moral.
¿No se han dado cuenta todavía de que, sin Dios, el mundo se convierte en un jungla de monstruos ávidos de sangre, destrucción y muerte?

LES INVITO A DAR, NUEVAMENTE, CABIDA A DIOS EN SU SOCIEDAD, EN SUS LEYES, Y EN SUS CORAZONES.

LES ASEGURO QUE VOLVERÁN A VIVIR LIBRES DE LA ESPANTOSA AMENAZA DEL TERRORISMO INMISERICORDE, QUE SE DEDICA A SEMBRAR LUTO Y ANGUSTIA EN SUS DESTROZADOS CORAZONES LLENOS DE ESPANTO Y DESESPERACIÓN, ANTE EL AVANCE INCONTENIBLE DEL TERRORISMO YA INSTALADO EN SU CULTURA.

"Humanidad sin divinad, es bestialidad". 

(Padre José Kentenich, Fundador de Schöenstatt).


Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva

martes, 15 de agosto de 2017

NECESITAMOS EL OXÍGENO PARA NUESTROS PULMONES, Y EL SILENCIO PARA NUESTRO CORAZONES



Queridos amigos y lectores:
Imagen relacionada
MARIA, MADRE DEL SILENCIO, CERRÓ LOS OJOS A ESTA VIDA, Y FUE LLEVADA AL CIELO
DE AHÍ VIENE LA PALABRA "ASSUMPTA" ("LLEVADA"), Y "ASSUMPTIO", ("ASUNCIÓN")
(Hacer clic en la imagen).

La Biblia no cuenta nada acerca de la muerte de María.
Pero una tradición muy bien fundada, nos asegura que murió y fue llevada a la tumba.
Al cabo de tres días ¡la tumba estaba vacía!, como ocurrió con Jesús. Se dio por absolutamente cierto que los ángeles se la llevaron al Cielo.
Ese fenómeno se conoce con el nombre de "Asunción al Cielo", del latín "assumptio" que significa "ser elevado".

Les invito a repasar esta tradición con el siguiente pps., escuchando un coro que canta una música muy dulce.
https://youtu.be/qdgFdwDO9Lc

MI COMENTARIO:

¡El silencio de María! ¡El silencio!
En medio el torbellino de actividades y preocupaciones en el que, a veces, nos vemos envueltos, necesitamos el silencio. ¡Lo necesitamos con urgencia! porque solo en el silencio, el corazón reposa, y todo vuelve a recobrar la calma.

María, la que fue "assumpta" a los Cielos, es una ejemplar maestra del silencio, como lo leemos en la Biblia:

 
-- "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc. 2,19).
-- "Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón" 

(Lc. 2,51).
¡El valor del silencio! ¡La importancia del silencio!
"Non in commotione Dominus":
"El Señor no está en la conmoción, en el terremoto".
Les invito a leer el siguiente relato tomado de la Biblia (I Reyes, 19: 11-13):

"Díjole el Señor: sal fuera y ponte en el monte... va a pasar el Señor. Pasó un viento fuerte y poderoso que rompía los montes y quebraba las peñas; pero no estaba el Señor en el viento. Y vino tras el viento un terremoto; pero no estaba el Señor en el terremoto. Vino tras el terremoto un fuego, pero no estaba el Señor en el fuego. Tras el fuego vino un ligero y blando susurro. Cuando lo oyó Elías, cubrióse el rostro con su manto, y saliendo, se puso en pie a la entrada de la caverna, y oyó la voz del Señor".

EL SEÑOR VIENE ENVUELTO EN EL SILENCIO.
Podría escribirse mucho sobre este tema, pero prefiero poner a consideración de ustedes, algunos brochazos del arte poético y musical, invitándoles a reflexionar acerca de la importancia del silencio, como un homenaje a la Virgen de la Asunción, Madre del silencio, para que nos enseñe a encontrarlo a Jesús en el silencio de nuestros corazones.

* De un poema titulado "Silencio", de Francisco Luis Bernárdez, poeta argentino, escojo la siguiente estrofa:

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo, tu perfecta espada.


* En una canción titulada "Madre del silencio", de Luis Hernán Muñoz, compositor chileno, escucharán un bellísima canción que enaltece el valor del silencio, del cual la Madre de Dios es un maestra y modelo:

  • AQUÍ LES COPIO LA LETRA DE ESA CANCIÓN:
Madre del Silencio

Como una tarde tranquila,
como un suave atardecer,
era tu vida sencilla
en el pobre Nazareth;
y en medio de aquel silencio,
Dios te hablaba al corazón.

Virgen María, Madre del Señor:
danos tu silencio y paz
para escuchar su voz.
Danos tu silencio y paz
para escuchar su voz.

Enséñanos, Madre buena,
cómo se debe escuchar
al Señor cuando nos habla
en una noche estrellada,
en la tierra que, dormida,
hoy descansa en su bondad.

Virgen María, Madre del Señor:
danos tu silencio y paz
para escuchar su voz.
Danos tu silencio y paz
para escuchar su voz.

Y sobre todo, María,
cuando nos habla en los hombres:
en el hermano que sufre,
en la sonrisa del niño,
en la mano del amigo,
y en la paz de una oración.

Virgen María, Madre del Señor
danos tu silencio y paz
para escuchar su voz.
Danos tu silencio y paz
para escuchar al Señor


LOS JÓVENES QUE INTERPRETARON TAN BELLA CANCIÓN NOS OFRECEN EL SIGUIENTE COMENTARIO


Esta hermosa canción, compuesta por el chileno Luis Hernán Muñoz, ha traspasado fronteras con un mensaje de particular relevancia para nuestros tiempos: pedirle a la maestra de oración, es decir, a la Virgen María, que nos enseñe a rezar.

El texto de la canción es un verdadero poema, dirigido con confianza a la Madre de Dios pidiéndole que nos conduzca hacia su divino Hijo. Como en las mejores obras de arte cristiano que retratan a la Virgen Madre, el centro de esta canción mariana es siempre Jesucristo. Si nos fijamos con atención, el texto del coro es una súplica incesante a María a fin de que nos conceda su silencio y su paz interior para escuchar la voz suave de Dios:

Virgen María,Madre del Señor,
Danos tu silencio y paz
para escuchar su voz;
danos tu silencio y paz
para escuchar su voz.

Ahora bien, ¿en qué consiste esa voz de Dios? Como nos explica la Carta a los Hebreos, Dios nos ha hablado ha hablado de muchas maneras; pero en este último tiempo, nos ha dado su Palabra definitiva: Jesucristo (Hb 1, 1-2). Sí, Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, en quien Dios nos lo ha dicho todo (Jn 1, 14). Con este canto nos dirigimos a María para que nos enseñe a escuchar a Cristo Nuestro Señor, la voz de Dios. Efectivamente, la Virgen ha sabido contemplarlo de un modo singularísimo y con una intimidad que supera toda capacidad de comprensión, pues ella no sólo ha escuchado su palabra, sino que más aún, la ha acogido en sus propias entrañas.
El arreglo de la canción ha pretendido ser un medio para que este mensaje llegue al oído y al corazón con claridad. 

--- En la primera estrofa, la escasa presencia de instrumentos y la sencillez de la guitarra subrayan el “suave atardecer”, “la vida sencilla”, el silencio y la pobreza. 

--- La segunda estrofa trata de colocarnos en la quietud de la noche, quietud que carece de sonidos exteriores, pero que exulta interiormente por la belleza de las estrellas. Esta estrofa retrata perfectamente el silencio interior de María, en el que la voz de Dios se dejaba escuchar con toda claridad. Para ilustrarlo, los movimientos del clarinete y el acordeón son graduales, delicados, como desgranando con cuidado los tesoros del corazón. El trino del clarinete sugiere la noche, con la vida secreta de los animales y plantas que despiertan mientras nosotros descansamos, reflejo de la presencia de Dios aún en la más cerrada oscuridad: “ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día” (Sal 139, 12).

--- La tercera estrofa es un ruego profundo a María para que nos ayude a escuchar la voz de Dios, que se expresa de modos tan diversos y misteriosos. Los instrumentos tratan de marcar la riqueza de la multifacética naturaleza de la vida terrena: el trazo del acordeón marca la presencia divina en todas las cosas, la aspereza del cello subraya el dolor del hermano, y la dulzura del clarinete acompaña la sonrisa del niño. El contracanto masculino, que añade novedad a la tercera exposición de la estrofa, hace patente la intención del poema de incluir a los hermanos en la perspectiva del encuentro con Jesús.

--- Todos los estribillos son cantados por un coro, que representa una multitud de personas que piden a María la gracia de recibir “su silencio y paz” para escuchar la voz de Dios. Es la misma multitud que vive en un mundo lleno de ruidos y distracciones, un mundo que no permite el silencio interior, un mundo verdaderamente alienante. Ya no nos resulta estar solos: rápidamente acudimos al teléfono móvil y navegamos por un universo infinito de información, tan amplio y tan atrayente que nos olvidamos de un universo aún más grande y verdadero: el de la propia alma y el del insondable ser de Dios.

En medio de estas dificultades nunca antes vistas, y en el marco de una humanidad que parece ir perdiendo la fe, volver a la oración no es una asignatura optativa. Cristiano que no reza, cristiano que probablemente dejará de serlo. Y quién mejor que la propia Virgen María, modelo de oración, que nos enseñe cómo escuchar la voz de su Hijo. Mirando su ejemplo aprenderemos a hacer silencio, a llevar una vida más sencilla, a escuchar al Señor en los atardeceres, en la noche y en las estrellas, en los hermanos que sufren, en los niños y en el amigo.

Virgen María, ¡danos tu silencio y paz para escuchar Su voz!

QUERIDOS AMIGOS:

Estoy seguro de que habrán sacado provecho de todas estas reflexiones bíblicas, poéticas, y musicales,  con las cuales me dispuse a rendir un HOMENAJE A MARÍA, CUYA ASUNCIÓN AL CIELO HOY CELEBRAMOS.


Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva.


viernes, 11 de agosto de 2017

IMPACTANTE TESTIMONIO DE UN SACERDOTE NO CREYENTE EN LAS "SANACIONES MILAGROSAS"



Queridos amigos y lectores:
Copio y pego, con algunas modificaciones para hacerlo más breve, el siguiente artículo, aparecido con el siguiente título: Impresionante Testimonio del Ministerio de Sanación del Padre ...forosdelavirgen.org
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EL PADRE EMILIANO TARDIF: DE NO CREYENTE EN CURACIONES,
SE VOLVIÓ UN APASIONADO SANADOR EN TODO EL MUNDO

Él se consideraba “sólo como el burrito del Domingo de Ramos a quien le ha tocado la suerte de llevarlo  a Jesús por los cinco continentes”.
 

TODO COMIENZA CON UN MILAGRO QUE LE TOCÓ MUY DE CERCA.

Dejémosle a él mismo contar los detalles
 
En 1973, yo era provincial de mi Congregación, Misioneros del Sagrado Corazón, en la República Dominicana. Había trabajado demasiado, abusando de mi salud en los 16 años que tenía como misionero en el país.Pasé mucho tiempo en actividades materiales, construyendo iglesias, edificando seminarios, centros de promoción humana, de catequesis, etc.Siempre estaba buscando dinero para edificar casas y para dar alimento a nuestros seminaristas.El Señor me permitió vivir todo ese activismo y, por el exceso de trabajo, caí enfermo.
El 14 de junio de ese año en una asamblea del Movimiento Familiar Cristiano me sentí mal, muy mal.Tuvieron que llevarme inmediatamente al Centro Médico Nacional. Estaba tan grave que pensaba que no podría pasar la noche.Creí realmente que me iba a morir pronto.
Los médicos me hicieron análisis muy detenidos, detectándome  tuberculosis pulmonar aguda.
Al ver que estaba tan enfermo pensé volver a mi país, Quebec, Canadá, donde nací y vive mi familia.
En Canadá me internaron en un centro médico especializado donde los médicos me volvieron a examinar, pues querían estar bien seguros de cuál era mi enfermedad. El mes de julio se lo pasaron haciendo análisis, biopsia, radiografías, etc.
Después de todos estos estudios, confirmaron de manera científica que la tuberculosis pulmonar aguda había lesionado gravemente los dos pulmones. Para animarme un poco me dijeron que tal vez después de un año de tratamiento y reposo podría volver a mi casa.
 
LLEGA LA SANACIÓN CARISMÁTICA

 
Un día recibí dos visitas muy peculiares.Primero llegó el sacerdote director de Revista “Notre Dame”, quien me pidió permiso de tomarme una fotografía para el artículo: “Cómo Vivir con su Enfermedad”. Aún él no se despedía cuando entraron cinco personas de un grupo de oración de la Renovación Carismática.
En República Dominicana yo me había burlado mucho de la Renovación Carismática, afirmando que América latina no necesitaba don de lenguas sino promoción humana, y ahora ellos venían a orar desinteresadamente por mí.
Estas visitas tenían dos enfoques totalmente diferentes: el primero para aceptar la enfermedad; el segundo para recobrar la salud. Como sacerdote misionero pensé que no era edificante rechazar la oración. Pero, sinceramente, la acepté más por educación que por convicción.No creía que una simple oración pudiera conseguirme la salud.
Ellos me dijeron muy convencidos. — Vamos a hacer lo que dice el Evangelio  “Impondrán las manos sobre los enfermos y éstos quedaran sanos”. Así que oraremos y el Señor te va a sanar. Acto seguido se acercaron todos a la mecedora donde yo estaba sentado y me impusieron las manos.
Yo nunca había visto algo semejante y no me gustó
. Me sentí ridículo debajo de sus manos. y me molestaba la gente que pasaba afuera y se asomaba por la puerta.Entonces cerraron la puerta, pero ya Jesús había entrado.
Durante la oración yo sentí un fuerte calor en mis pulmones
.Pensé que era otro ataque de tuberculosis y que me iba a morir. Pero era el calor del amor de Jesús que me estaba tocando y sanando mis pulmones enfermos.
Durante la oración hubo una profecía. El Señor me decía. “Yo haré de ti un testigo de mi amor”. Jesús vivo estaba dando vida, no sólo a mis pulmones sino a mi sacerdocio y a todo mi ser. A los tres o cuatro días me sentía perfectamente bien. Tenía apetito, dormía bien y no había dolor alguno.
Yo me sentía bien y quería regresar a casa, pero los médicos me obligaron a pasar el mes de agosto en el hospital buscando por todos lados la tuberculosis que se les había escapado y no podían encontrar.
Al final del mes, después de muchos experimentos el médico responsable me dijo:
— Padre, vuelva a su casa. Usted está perfectamente, pero esto va en contra de todas nuestras teorías médicas. No sabemos lo que ha pasado.
— Padre, usted es un caso único en este hospital.
Salí del hospital sin recetas, medicinas ni cuidados especiales. Me fui a casa pesando sólo 50 kilos.El Señor me había sanado.
Mi fe era muy pequeña, tal vez del tamaño de un grano de mostaza, pero Dios era tan grande que no había dependido de mi pequeñez.
De esa manera yo recibí en carne propia la primera y fundamental enseñanza para el ministerio de curación: El Señor nos sana con la fe que tenemos No nos pide más, sólo eso.
 
EL PADRE EMILIANO SE VINCULA
CON LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA


Después del año que supuestamente debía pasar en el hospital regresé a la República Dominicana. Mi superior me destinó a una parroquia en la ciudad de Nagua. Al llegar convoqué unas cuarenta personas para darles el testimonio de mi curación.Recuerdo que invité a los enfermos a pasar el frente para orar por ellos. Para mi sorpresa, había más gente en el grupo de enfermos que entre los sanos. Esa noche se sanaron dos de ellos.
La asamblea estalló en gran alegría y los sanados daban testimonio por todas partes.
Cada semana el Señor sanaba enfermos.

En agosto sanó a doña Sara que tenía cáncer en la matriz.
Ella estaba desahuciada y la habían regresado del hospital para que muriera en su casa. La llevaron a la reunión y durante la oración por los enfermos sintió un profundo calor en el vientre y comenzó a llorar. Poco a poco se dio cuenta que la enfermedad desaparecía. A los quince días estaba completamente sana y volvió al grupo de oración para dar su testimonio, llevando en sus manos su mortaja; los vestidos que sus hijos le habían comprado para el día de la sepultura. La gente venía en gran número. Todos cantaban con alegría y alababan a Dios espontáneamente. A raíz de estas reuniones tan festivas y hermosas algunos sacerdotes comenzaron a decir sarcásticamen­te:
— El padre Emiliano se sanó de tuberculosis pero se enfermó de la cabeza. Afirmaban que me había vuelto loco.
Estábamos delante de la obra del Señor. De eso estábamos seguros.
Los milagros continuaron tan numerosos que no los podría contar: parejas que vivían en concubinato se casaron, jóvenes fueron liberados de las drogas y el alcoholismo.Era la pesca milagrosa (Lc 5,7).
Jesús estaba liberando a su pueblo de las cadenas de esclavitud.


Hay muchos que niegan los carismas, diciendo que no tienen importancia. Pero asíí se instaura el Reino de Dios, a través de acontecimientos tan pequeños y sencillos que, como granos de mostaza, al germinar dan fruto abundante.
El que no crea que tenemos un Jesús vivo que hoy hace maravillas, no le conviene leer lo siguiente, pues le parecería increíble.


INCREÍBLES CURACIONES EN GRUPOS DE ORACIÓN

Primera reuniónDurante las misas del primer Domingo invité a la gente para una conferencia sobre la Renovación Carismática, prometiéndoles contar el testimonio de mi curación. Asistieron unas 200 personas.Pero esa gente tenía tanta fe que en la noche llevaron un tullido en una camilla. Se le había roto la columna vertebral y no había vuelto a caminar desde hacía cinco años y medio.Cuando los vi llegar con él en la camilla pensé que eran demasiado atrevidos, pero me recordaron a aquellos cuatro que llevaron a su amigo paralítico a Jesús (Mc 2,1-12).
Oramos por él y le pedimos al Señor que por el poder de sus santas llagas sanara a este tullido.El hombre comenzó a sudar abundantemente y a temblar. Entonces recordé que cuando el Señor me sanó, yo también sentí mucho calor.
Así que le ordené:
— El Señor te está sanando. ¡Levántate en el nombre de Jesús!Le di la mano y él me miró muy sorprendido. Con mucho esfuerzo se levantó y comenzó a andar lentamente.
— ¡Sigue caminando en el nombre de Jesús -le grité- ¡El Señor te está sanando!
El daba un paso y otro paso. Llegó hasta el Sagrario y, llorando, daba gracias a Dios.Todo el mundo alababa al Señor mientras el curado salía llevando su camilla debajo del brazo.
Ese día otras diez personas también fueron curadas por el amor de Jesucristo.
¡Qué sed tiene la gente de oración! Se acercan a nosotros para pedirnos que les enseñemos a orar. Como Jesús, debemos enseñarles orando con ellos.

Segunda reunión
El siguiente miércoles llegaron más de 3.000 personas. Entonces realizamos la reunión en la calle porque no cabíamos en la iglesia. Como no se podía hacer asamblea de oración con tanta gente, prediqué media hora antes de celebrar la Eucaristía por los enfermos.Había allí una mujer llamada Mercedes Domínguez. Estaba completamente ciega hacía 10 años, y durante la oración por los enfermos sintió un intenso frío en los ojos. Regresó a su casa muy emocionada, diciendo a todo mundo que podía ver un poco. ¡Al día siguiente amaneció completamente sana! El Señor le abrió los ojos y ella abrió la boca para testificar por todas partes su maravillosa curación. Esta sanación impresionó mucho a todo el pueblo.



Tercera reunión
Nos fuimos al parque, al aire libre, para celebrar la gloria del Señor. Era como cuando Jesús llegaba a Cafarnaum o Betsaida.El mismo Jesús, vivo, llegaba a nuestro pueblo. El parque parecía la Piscina de Bezatá: llena de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, esperando su curación. (Jn 5,1-3).Esa noche había más de 7000 personas. Hicimos lo mismo: predicar el amor de Jesús; que él está vivo en su Iglesia y sigue actuando con signos y prodigios. Celebramos la misa y de nuevo el Señor comenzó a sanar enfermos. Era algo casi exagerado.

Cuando le pedimos algo a Jesús, Él nos da todo porque él no tiene límite en su poder ni en su amor. El no sana sólo a dos ni a tres; son cantidades enormes. La policía estaba muy molesta porque tenía que trabajar horas extras tratando de controlar el excesivo tráfico en un pueblo tan pequeño.Entonces los oficiales fueron ante el jefe de policía a pedirle que prohibiera esas reuniones.El jefe abrió las manos y les respondió con una sonrisa: — Yo también hubiera querido suspenderlas, pero mi esposa se curó en una reunión de éstas…Ella tenía doce años enferma y fue tocada por el amor de Dios. Después de algunos días ambos recibieron el sacramento del matrimonio. ¡Qué maravilloso es el Señor!
El Señor había previsto todo; en vez de suspender la reunión tuvimos 18 policías extras
para dirigir el tráfico durante el siguiente miércoles.

Cuarta reunión
Era el 9 de julio, aniversario de mi regreso a la República Dominicana.Desde las 9 de la mañana llegaban autobuses y camionetas con gente de todo el país.Hasta los taxistas nos hacían propaganda, pues les convenía también a ellos.Esa tarde había unas 20.000 personas en oración.
Por tanta gente, nos tuvimos que subir al techo, donde colocamos el altar y los parlantes. ¿Saben ustedes cómo “solucionó” Dios que la policía quería acabar con las reuniones? Esa noche curó a un policía que sufría un derrame cerebral que lo tenía semiparalizado.
A partir de esto teníamos a todos los policías completamente de nuestra parte.
En verdad que la forma de terminar Dios con los problemas es mejor que la nuestra.
Una señora, conocida por todo el pueblo, que estaba sorda hacía 16 años, se curó completamente.
Sintió primero un zumbido y luego se dio cuenta que oía perfectamente la predicación.
Un hombre que no podía caminar sino que gateaba, también se curó en esa ocasión. Hubo derroche de milagros y prodigios. Vimos de todo.
Era vivir a todo color, en vivo y directo, lo que cuenta el Evangelio; era Jesús resucitado caminando entre nosotros y salvando a su pueblo.
Esa noche hubo más de cien curaciones, según los testimonios recibidos.


Quinta reunión
La policía calculó en base a los metros cuadrados aquella multitud ¡eran 42.000 personas! Vino gente desde Puerto Rico, Haití y de todas las parroquias del país.La gente aumentó tanto, por la simple razón de que el Señor Jesús no ha cambiado todavía su manera de trabajo. Mientras nosotros buscamos métodos pastorales más eficaces y acordes con nuestro tiempo, el Señor continúa con el suyo: él recorría la Galilea sanando a los enfermos; entonces las multitudes le seguían, y él les predicaba la Palabra de salvación (Lc 6, 1 7-23).
Hoy sigue haciendo lo mismo: sana a los enfermos, la gente se reúne por miles y nosotros proclamamos el Reino de Dios. Es sencillamente el Evangelio que se repite.


EL DOMINGO DE RAMOS DEL MINISTERIO 
DEL PADRE EMILIANO

El Señor entró triunfalmente no sólo en el pequeño pueblo de Pimentel, sino en el país entero y más allá de sus fronteras.
El Señor entró en los medios de comunicación curando a la madre de un locutor de televisión. Este locutor se encargó de testificar el milagro delante de las cámaras.
Esos días era como estar en la cumbre del Tabor contemplando la gloria del Señor. Era compartir con Jesús aquello que le dijo su Padre:tu eres mi hijo muy amado en quien yo tengo mis complacencias.

El 16 de julio el Señor nos previno en profecía, anunciándonos que seríamos atacados, y ridiculizados, pero que no deberíamos temer, pues él ya había vencido al mundo.
Pasaron tres meses y el párroco que estaba de vacaciones regresó. Se sorprendió con todo lo que encontró y lo que la gente contaba. Todo era tan extraordinario que no podía creerlo.El Señor había visitado su pueblo suscitando una fuerza salvadora en su parroquia, haciendo misericordia con los suyos, encendiendo una luz en medio de las tinieblas.
Era el Domingo de Ramos en el que el Señor entraba triunfal a su pueblo.


LA SEMANA SANTA DEL MINISTERIO DEL PADRE EMILIANO

Todavía no despertábamos del vino embriagador de su amor cuando unas negras nubes surcaron los cielos. De pronto todo se oscureció y se ocultó el sol. Aunque yo sabía que el Señor estaba conmigo, los vientos de tempestad comenzaron a soplar furibundos.
El secretario de Salud me acusó por la televisión de abusar de la ignorancia del pueblo, haciéndolo creer que sanaba. Dijo que yo era un charlatán
y que engañaba al pueblo; que por qué no me iba a hacer lo mismo a un país desarrollado, como Canadá.
Otros me atacaron diciendo que, como extranjero, yo no conocía al pueblo y que todas esas curaciones y milagros llevarían al pueblo a la brujería y al espiritismo.Yo les contesté que en verdad yo no conocía tanto al pueblo pero sí conocía bien a Jesús y él jamás nos lleva al espiritismo o a la brujería.Por radio, prensa y televisión hubo muchos ataques. En pocos días yo era un brujo y un mentiroso.
Porque creía y proclamaba que Jesús estaba vivo, salvaba y curaba a su pueblo, decían que estaba loco, que era un fanático y otras cosas más. En menos de 24 horas la prensa que antes me admiraba ahora luchaba en contra mía. Entonces comprendí que frágil es la fama que el mundo ofrece y qué locura es buscar la opinión de los demás.
En unas cuantas horas se viene abajo la espuma de la gloria.
Pero mi confianza estaba en Jesús, que es el mismo, ayer, hoy y siempre.
Unos que se decían psicólogos vinieron a decirme que era natural y que no había nada de milagroso en que sucedieran tales curaciones. Que todo era debido al contagio de masas y a histeria colectiva. Simplemente les contesté que entonces me parecía una gran injusticia que, sabiendo tanto de esto, ellos no organizaran reuniones cada tarde para curar a todos los enfermos del país.
Otros atacaban la inmadurez de la gente diciendo toda esa multitud sólo viene por curiosidad y por los milagros de curación. Yo les contestaba.¿Qué importa la razón por la que ellos vienen? Lo importante es que estén aquí para que los evangelicemos.
Tanto me preguntaron si no me estaba volviendo loco que un día les contesté.
— Yo también estoy preguntándomelo, pues ahora ya no sé hablar sino de mi Señor Jesucristo.
Los párrocos vecinos también se pusieron celosos.

Un grupo del clero pidió que mi Provincial me sacara del país porque con esas tonterías yo iba a destruir la estructura de la Pastoral.
Yo les contesté que Jesús no había sido enviado a salvar las estructuras pastorales sino a salvar a su pueblo y que eso era lo único que él estaba haciendo en medio de nosotros.
Me acusaban que yo estaba vaciando las parroquias, pero yo no invitaba a nadie. Yo solamente proclamaba el Evangelio.
Un sacerdote me decía que estábamos exagerando y que era necesario ir más despacio.
San Marcos, que es el más antiguo de los cuatro evangelistas, nos relata 18 milagros y curaciones de Jesús en 16 capítulos. Si quitáramos los signos de poder del Evangelio de Marcos nos quedaría una o dos páginas.
Hay muchos que por haber eliminado este aspecto tienen un Evangelio mutilado, pobre, reducido a doctrina y teorías.
Me atacaron tanto de todos los frentes, hasta de los que se suponía estaban del lado de Jesús, que tuve que sacar un artículo en la revista “Amigo del Hogar” en agosto de 1975.
Se titulaba: “LA CULPA ES DE CRISTO”. Entre otras cosas, decía lo siguiente.
Ante los riesgos reales de caer en el fanatismo por lo milagro­so, incurrimos en el extremo contrario, a veces más grave que el primero: olvidar que Dios es el maestro de lo imposible.
La curación es realmente la respuesta a una oración de fe, como lo vemos tantas veces en el Evangelio. Esta oración puede ser del enfermo o de los que lo acompañan, de la comunidad o de una persona”. Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Él es el Señor de la historia y actúa como bien le place sin preguntarnos ni pedirnos nuestro parecer o permiso para realizar sus prodigios ¿Quiénes somos entonces para oponernos o tratar de limitar la obra de nuestro Dios?
Estamos convencidos de que Él no se opone a la medicina. Lo que sucede muchas veces es que existen miles de personas que no tienen dinero para pagar al médico, la clínica ni los medicamentos.¿Qué de extraño tiene que nuestro Dios se ocupe de los pobres y que El personalmente los atienda?
La fe es lo que nos hace reconocer lo que ellas significan, que Dios ama a los hombres, que Cristo está vivo y que la Iglesia tiene el poder del Espíritu Santo para resucitar a los muertos.
El Señor me hizo recapacitar y darme cuenta que no debía de­fenderme de los ataques como él tampoco se defendió de quienes lo acusaban. Si yo me defendía con mis medios y argumentos no le permitía que El fuera mi defensor con sus medios y argumentos. El tiempo me ha convencido de que son más peligrosas las adulaciones que las críticas.
Inconscientemente nos podemos olvidar que somos simples vasos de barro, pero el Señor se encarga de recordárnoslo mediante la cruz de la incomprensión.
Los ataques fueron tan violentos y continuos que a veces yo pensaba que ya no resistía. Por todas partes me acorralaban. Yo mismo me sentía solo en un camino nuevo.
Pude escuchar, en mi corazón, que Jesús me decía:“Después de haber saboreado la alegría del Domingo de Ramos ¿no te parece normal probar algo de Semana Santa?”
Esta palabra me sanó interiormente.Desde entonces veo los problemas de manera distinta y en completa paz.
Cuando las cosas van bien, digo: “estamos en Domingo de Ramos”.
Si hay dificultades, simplemente afirmo, “estamos en la Semana Santa”.
De todos modos, la Pascua no está lejos. Gloria a Dios.
Nuestro pueblo estaba dormido en un letargo de pasividad. Vino el Señor y sacudió todo.
La gente iba a consultar a los sacerdotes para preguntarles por estas cosas. Entonces ellos tenían que leer e informarse para dar respuestas adecuadas.
Hasta la Comisión Episcopal se reunió para dar una declaración. Esto era muy importante para mí.
Yo estaba cierto que la obra era de Dios, pero necesitaba el discernimiento de los Obispos.
Para mí ellos eran la voz de Dios. Publicaron una declaración titulada:
“El Papa aprueba y estimula las reuniones de oración carismáticas”.Luego, como subtítulo, decía: Monseñor Pepén (Secretario Nacional del Episcopado) aprueba la obra del padre Tardif.
Cuando yo lo leí me dio gusto, pero también me dio risa, y dije: “la obra no es mía…”
Como San José, yo estaba seguro de que esa vida que había germinado en el seno de la Iglesia no era mía.

SE INTERNACIONALIZA EL MINISTERIO DEL PADRE EMILIANO

Sin saber cómo ni por qué, recibí una invitación de Mons. Carlos Talavera para predicar un retiro sacerdotal en Guadalajara, México. De allí han venido surgiendo otras invitaciones para proclamar las maravillas del Señor en otros países de América Latina. Comienzo a vislumbrar que se avecina una era gloriosa para la Iglesia. Creo que ha llegado el tiempo de predicar en los terrados, es decir, fuera de los recintos sagrados, porque la gente ya no cabe en nuestros templos. El Señor nos lleva hasta los confines de la tierra para dar testimonio de que él está vivo.
Después de un viaje a Panamá volví a mis tareas parroquiales. Al día siguiente me preparé para visitar una comunidad perdida en la montaña. El viaje lo tenía que hacer en burro. Mientras caminaba lentamente mi asno, iba pensando. ¡Qué maravillosos son los caminos de Dios! En avión o en borrico siempre somos sus mensajeros.
El Señor prendió la mecha y ahora es un fuego que nadie puede extinguir.
He comenzado a recibir cartas de Francia, Sudamérica y Filipinas.
Otros me escriben desde países que desconozco dónde quedan en el mapa; a veces recibo correspondencia en idiomas y signos que no entiendo. Como no comprendo lo que dicen, simplemente pongo en manos del Señor estas cartas y le pido que como El sí las entiende, las conteste por favor.
No recuerdo haber tenido nunca tan buena salud como ahora. Como de todo, duermo bien, trabajo mucho y me siento perfectamente.
El Señor me ha devuelto la salud completa y yo se la entrego al servicio de la evangelización de su pueblo.
Sin embargo, creo que el don más grande que El me ha dado es el de la alegría.Soy feliz a tiempo completo. Nunca había vivido mi sacerdocio tan plenamente como ahora.
Fuentes: Jesús está vivo, escrito por el Padre Emiliano Tardif en 1986

QUERIDOS AMIGOS:
Termino con esta reflexión que puse en mi blog, comentando el ministerio del pastor T. B. Joshua:
 
Sacerdotes católicos como el Padre Emiliano Tardiff (https://youtu.be/xmGYWHErgwg) y el Padre Inocencio Llamas, que también visitaron nuestro país, desplegaban idéntico ministerio de amor y compasión a enfermos del alma o del cuerpo. 
Cumplir ese ministerio no tiene nada de extravagante u opuesto a la doctrina cristiana. Por el contrario. En Mateo, 10:8 leemos:
"Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia".

Pero no debemos tener la arrogancia de decir que ese mandato lo hizo Jesús ¡sólo para los católicos! ¡Noo! 
Leamos (en Marcos 9: 38):
Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos. Jesús les dijo: No se lo prohibáis, pues ninguno que haga un milagro en mi nombre hablará luego mal de mí. El que no está contra nosotros, está con nosotros".
Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva