martes, 27 de septiembre de 2011

EL MATRIMONIO GAY, O LA CULTURA DE LA FUERZA (1a. Parte)

Queridos amigos y lectores:

Henchida mi alma de alegría por la gratísima noticia de que el MEC ha dejado sin efecto la puesta en vigencia del famoso Marco Rector de la Educación Sexual, que avalaba como normales un sinnúmero de perversiones sexuales, entre ellas la inventada igualdad entre el "matrimonio homosexual" con el matrimonio normal, les regalo este extensísimo artículo que escribí el año pasado con respecto a dicho tema.

Lo hice como una crítica durísima a los legisladores argentinos, los cuales, por motivos absolutamente ajenos al bien de la nación, o de la sociedad, o de la educación argentina, admitieron, por estrechísma diferencia, la aberración de las uniones sexuales entre personas del mismo sexo, con el raro nombre, políticamente correcto, pero moralmente abominable de "Matrimonio igualitario". Esto lo van a pagar muy caro alguna vez.

En nuestro país íbamos hacia esa misma peligrosa pendiente. Pero los defensores de la vida y de la familia normal, hemos desatado una incansable lucha tan dura contra dicha aberración, implícita en el Marco Rector Sexual del MEC, que la presión les resultó insostenible y cedieron, dejando abierta la posibilidad de hacer otro documento similar, pero ya con la intervención de las Iglesias, tan despreciadas en el Documento de marras, de los padres de familia y educadores, de modo que salga un verdadero Marco Rector de la verdadera Educación sexual, muy diferente a la "Educación genital pro-abortista" que estas autoridades de turno pretendían instalar en la Educación paraguaya, destrozando la inocencia de los niños y los valores en los que se cimenta nuestra cultura.

A todos los padres de familia, Pastores, Sacerdotes y Religiosas, que tanto rogaron por la no implementación de este engendro, y a todos los verdaderos educadores de mi Patria, les dedico este muy extenso artículo. Estoy seguro de que les será de gran utilidad.

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I. INTRODUCCIÓN.

El espectáculo televisivo brindado por los senadores de Argentina, abordando el tema del así llamado "Matrimonio gay", o "Matrimonio igualitario", fue vergonzoso y lamentable. Ciertos medios de prensa, destacaron, incluso, un hecho: que la extrema duración del debate (¡quince horas!), se debió más al deseo de estos señores y señoras de aparecer en pantalla el mayor tiempo posible, que a la importancia de la discusión en sí, cuyo resultado era ya conocido de antemano.

Fue vergonzoso, porque la mayoría de estos legisladores "tocó de oído" tan delicado asunto, de naturaleza médica y psicológica, adoptando, en compensación de su ignorancia al respecto, poses doctorales y sentencias magistrales, nacidas de la emoción, no de la razón o de la ciencia. Iban reincidiendo, cada uno en su turno, de una manera reiterativa, en los mismos argumentos sofísticos, tales como los de la "petitio principii" (dar por demostrado lo que se debe demostrar), y la "ignorantia quaestionis" (esgrimir argumentos totalmente ajenos al tema en cuestión). Se tiraban más en contra de la Iglesia católica, de sus dogmas y principios, que a favor de la ciencia, desconociendo, eso sí, ambos campos.

Fue lamentable, porque nos hemos visto obligados a ser testigos de los inmisericordes ataques iconoclastas contra la bicentenaria esencia de la cultura argentina, la cual tiene por cimiento a la familia y los valores cristianos, vigorosamente cantados y esculpidos en el emblemático libro de "Martín Fierro", en una de cuyas estrofas leemos:


"La Ley es tela de araña,

en mi ignorancia lo explico:

no la tema el hombre rico,

nunca la tema el que mande,

pues la rompe el bicho grande,

y solo atrapa a los chicos."


Nos señala lo lamentable de la prepotencia del rico, y que, en consecuencia, no siempre la Ley ampara la verdad y la justicia; a veces convalida la iniquidad y protege el delito. No siempre ella surge como fruto del raciocinio y del respeto por los valores ancestrales, sino como resultado de la poderosa fuerza del "lobby" de algún determinado colectivo - el de los homosexuales, en este caso -, o del tentador halago de los valores monetarios capaces de comprar votos y conciencias. En todo el mundo se compran votos; es ya un vicio arraigado hasta en las culturas democráticas: entonces cae la fuerza de la democracia, y se entroniza la cultura de la fuerza.

Ya no rige la fuerza de la razón, sino la razón de la fuerza. Esa cultura opera de espaldas al pueblo. Y, por más que el pueblo haya elegido a sus representantes, y que "el pueblo quiere saber de qué se trata", los legisladores venales y corruptos, se mofan de ese pueblo que los eligió, y prostituyen su representación hablando, no ya en nombre del pueblo, sino en nombre de sus intereses personales, así tengan que sufrir sus mandantes. Con ese proceder no se construye, sino que se pierde, con la representación, la autoridad cívica y moral: y no debieran, por vergüenza, atreverse a abordar asuntos relativos a dichas instancias. Sin embargo, estos oscuros personajes lo hacen, con absoluta desfachatez e impunidad. Desfachatez, por haber quedado, obviamente, inhabilitados para esos debates centrados en la ética cívica; e impunidad, porque nadie les podrá cobrar por la cobardía y la traición que implica el haber prevaricado. Millones de argentinos han quedado defraudados. ¡Qué ironía! Treinta y tres señores decidieron la suerte (o la desgracia) de treinta y tres millones de argentinos, por una simple diferencia de tres votos: 33 a favor, 27 en contra, y 3 abstenciones. Ese no es el camino a seguir para lograr que una cultura evolucione y se modernice (como tanto les gusta decir a estos prevaricadores). Olvidan que esos cambios son el fruto de muchos años, o siglos incluso, y no el resultado de unas amañadas votaciones de resultado cantado, y conseguido en un día, como se logra el triunfo de ciertas candidaturas en la política. En pocas palabras: las culturas cambian por evolución, no por votación. Un plebiscito, tal vez, podría aclarar el panorama referente a la cultura deseable por los argentinos, porque se le estaría preguntando a todo el pueblo, no solo a coyunturales representantes versátiles. Pero tampoco eso sería lo natural como lo es el cambio evolutivo, única ley universal de la naturaleza. Y la preservación de la cultura, a la par que la de la naturaleza y su ecología, es un deber y un derecho humano, que ningún otro “inventado” derecho humano podrá atropellar, bajo los auspicios de ninguna plataforma, ni de la presión de ningún "lobby". Lo bueno y lo malo siempre serán tales, y eso no podrá cambiar “por ley”, para favorecer a ningún colectivo supuestamente marginado, como falazmente se quiere presentar al gay. Sería como decidir sacrificar todo el bosque para preservar una especie en aparente vía de extinción.

II. ALGUNOS ERRORES COMETIDOS EN EL DEBATE.

Señalaré sólo algunos. Hacerlo con todos llevaría mucho más espacio del que dispongo.

1. Faltó lo esencial: La definición.

"Primum defínere" (primero, definir) era la norma de los antiguos filósofos, indispensable para luego poder debatir, seriamente, sobre un tema. De esa forma se consigue centrar el debate en un término unívoco y objetivo, entendido con el mismo significado por todos los contendores, y no equívoco y subjetivo, es decir, cuando cada cual le da distinto significado: así la discusión se torna caótica. Eso ocurrió en el debate senatorial, porque:

* Nadie definió "perversión", "patología", "trastorno" ni, mucho menos, si esos conceptos son o no aplicables a la homosexualidad.

Ninguno de los disertantes se dignó arrimar tan siquiera un argumento sólido, o citar alguna fuente científicamente responsable para demostrar, inequívocamente, que la homosexualidad no es una anormalidad sexual, como lo son el fetichismo, el voyeurismo, la necrofilia, etc. entre las cuales siempre había figurado también la homosexualidad en los tratados de Psiquiatría. Estos señores, sin haberse tomado esa molestia, ni asumido la responsabilidad pertinente, muy alegre y desenfadadamente se expresaban diciendo que la homosexualidad es "una de las formas personales de vivir la sexualidad y expresarse el amor”. Hoy en día son más los altos referentes de la ciencia médica y psiquátrica, que siguen considerando patológica la homosexualidad, que aquellos que dejaron de considerarla así. Es decir: el debate aún no se ha cerrado en el campo científico. Víctima de fuertes presiones y hasta de violentas intervenciones del "lobby" homosexual en los EE.UU., la American Psychiatric Association (APA) se vio obligada por ellos a cerrar el debate proclamando, en su famoso Manual DSM-IV que la homosexualidad no es ninguna anormalidad. De la mano de la APA, la Organización Mundial para la Salud (OMS) hizo lo mismo. No voy a extenderme explicando todo el escándalo que ha suscitado el colectivo gay, hasta lograr, por la violencia, dicho cambio, totalmente explicable en el juego político, como suele ocurrir en las votaciones del senado, pero totalmente ajeno a la metodología de la investigación científica, que hasta hoy no ha llegado, ni llegará, al resultado por ellos deseado. Por la fuerza física, en cambio, y por la monumental ayuda de expertos en marketing, consiguieron, no sólo instalar el concepto de normalidad para la homosexualidad, sino hasta la complaciente y bondadosa actitud de la sociedad hacia sus integrantes, calificados desde entonces como "minoría discriminada", cuando que, en realidad, forman un "lobby" hoy ya muy poderoso. Es que el marketing obra maravillas, presiona psicológicamente, y doblega voluntades, todo lo cual constituye una ciencia comercial, pero completamente ajena al dominio de la medicina y de la psiquiatría. En efecto: no porque el marketing y el "lobby" de algún colectivo consigan que se publiquen artículos donde se diga, por ejemplo, que la diabetes no es una enfermedad, sino “una forma diversa de metabolizar el azúcar”, la misma dejará de serlo. Sin embargo eso fue, exactamente, lo que sucedió con lo de la homosexualidad: se mandó escribir que no es ya una perversión, y después comenzaron a obligar, por la fuerza de leyes violentas y antidemocráticas, que se acepte esa ideología. Alguien dijo una vez que, cuando terminan los argumentos, empiezan las patadas. Eso mismo pasó también durante la Revolución francesa. Los iluministas, creyéndose autosuficientes como para prescindir de Dios, asaltaron la catedral de Nòtre Dame de París destrozando las imágenes, y colocando, en el lugar que ocupaba la estatua de Nuestra Señora, otra estatua de una mujer mundana a la que veneraron como a la Diosa Razón. Invocando, paradójicamente, la "igualdad, libertad, y fraternidad", atacaron como vándalos el patrimonio ajeno. Hoy la Historia se repite: ciertos modernos "iluministas", adorando la tecnología y el poder financiero, quieren borrar el nombre de Dios de la humanidad, imponiendo, por la fuerza brutal y la creación de leyes inhumanas, una "religión universal" que adora a la "Madre Tierra" y proclama la "Gender equity", y la "Gender equality"(“equidad” e “igualdad” de sexos), legalizando el aborto, el libertinaje sexual y el matrimonio homosexual, entre otras leyes. Las mismas son sólo el instrumento: la finalidad real es destrozar a la Iglesia y borrar el nombre de Dios del planeta (Muy parecido a la Revolución francesa) Y, paradójicamente (como en dicha Revolución), lo hacen pidiendo "respeto por las minorías", "equidad", e "igualdad": toda una ironía. No me extenderé en esto aquí, pero me permito remitir al lector a mi libro "Los sexos, una trampa mortal de la Nueva Era", para informarse, de manera completa, sobre este tema de la violencia ideológica que nos condena a pensar como ellos, o irnos a parar a la cárcel, o a destinos peores aún, si disentimos.

Después de esta necesaria digresión, vuelvo sobre el tema del Manual DSM-IV y sus contradicciones respecto de las perversiones. En él, el fetichismo y el voyeurismo, entre otros comportamientos, son perversiones. La homosexualidad, ya no. Dando ejemplos bien ilustrativos de este vergonzoso desatino científico: Si un hombre se excita sexualmente olfateando una prenda femenina, o espiando a parejas en actividades íntimas, es perverso sexual; pero si un hombre se excita y llega a tener sexo con otro hombre, no es perverso sexual. Huelga todo comentario.

Sin embargo, mal que les pese a quienes hicieron ese Manual, nadie, hasta la fecha, demostró cuáles son las causas de la homosexualidad ni, mucho menos, que la misma sea una conducta normal. De modo que el debate y la investigación científica continúan. Pero, para legisladores de varios países del mundo, ese debate está cerrado, porque ellos, sin ser autoridades en el tema, ya decretaron que la homosexualidad es normal.

* Nadie definió, tampoco, qué es "minoría".

No sabemos ¿qué entienden ellos por minoría?, ¿quiénes la componen?, ¿quiénes son los que deben decidir cuáles son las minorías discriminadas y cuáles no lo son?, ¿cuáles son las minorías que deben tomarse en cuenta, y cuáles no?, ¿qué condiciones debe reunir un colectivo para ser considerado minoría digna de respeto o indigna de él?, ¿qué condiciones deben reunir las personas que integran dicho colectivo? o, finalmente, ¿quién acuñó la necia afirmación de "no discriminar a las minorías"? Y dije necia, porque todos, hasta la presidenta de la Nación argentina, lo repitieron acríticamente, como si tal sentencia encerrara una sólida verdad moral indiscutible cuando, en realidad, esa frase es un disparate, aunque el marketing nos la vende como un consejo espiritual e idealista, lleno de compasión y humanitarismo. Digo que es un disparate, en primer lugar, porque no debemos discriminar A NADIE, no solo “a las minorías”. Es una crueldad ocuparse de "la minoría de los gays", que se hallan muy a gusto con su “opción libre y voluntaria”; y desamparar a "la mayoría de los hambrientos o enfermos", que se encuentran allí muy a disgusto porque esa no fue, para ellos, una “opción libre y voluntaria”, como ocurre con la minoría gay. ¿Dónde está, entonces, la justicia? Y, en segundo lugar, si no se definen las cuestiones atingentes a lo de "las minorías", bien podrían incluirse en ellas a los rateros, a los satánicos, a los gamberros, a los punkis, a los hippies, por citar solo algunos de los colectivos de esta larga letanía. Por eso dije que esa frase ridícula es un disparate engañoso, por su disfraz de moral e idealismo. De hecho, los modernos "iluministas" usan a los gays, a las lesbianas, y a las falsas feministas, como "operadores" del sistema destructivo ideado por ellos, haciéndoles creer que se interesan realmente por estos ciudadanos. Pero su verdadero fin es que les ayuden, con entusiasmo, fuerza y decisión, a la promoción, la creación y la promulgación de esas leyes perversas, como las del aborto, del matrimonio gay, y del libertinaje sexual, las cuales son el poderoso instrumento para destruir a la familia y los valores milenarios, los cuales constituyen una traba insuperable, para llevar adelante ellos su proyecto de tomar las riendas de la Humanidad y manejar las riquezas del Tercer mundo. De esto, nadie debate, porque casi se desconoce el tema. De los gays y sus derechos, todos se ocupan con entusiasta interés por opinar. Se logró instalar esa temática, para evitar que se debata sobre sus verdaderas pretensiones: los intereses financieros que persiguen y su codicia por nuestras riquezas naturales, como las del Amazonia y del Acuífero Guaraní. Sin embargo, es allí donde debemos centrar el debate, y no en aquellos temas “distractores” que ellos nos ponen en el camino, como minas antipersonales, para debilitarnos, desinformarnos, dividirnos y, finalmente, destruirnos.

De hecho, también, y por el mismo motivo, a los ciudadanos que conforman esas "minorías" elegidas por ellos, y favorecidas por centenares de ONG`s y por Organismos Internacionales, como la ONU y la OMS, les dan el nombre de "ciudadanos productivos", con todos los derechos sociales; pero a los que forman parte de las "mayorías" gravemente carenciadas, les denominan "ciudadanos improductivos", y proponen leyes contra esos desdichados, para privarles de todos los derechos sociales, incluyendo el del acceso a los sistemas de salud, para acortarles la vida, porque esas personas constituyen, según ellos, una carga para la economía del Estado, y para los recursos (“muy escasos”) de la Organización Mundial para la Salud (OMS). Ahora se entiende por qué dije que aquello de "no discriminar a las minorías" es una fétida mentira tramposa disfrazada de altruismo y creada con astucia, como todos los tentáculos del Proyecto que estos ambiciosos de las riquezas del planeta están llevando a cabo.

Ninguno de los senadores dio la impresión de manejar estos temas. Tal vez por eso no los definieron, tal como lo exige cualquier debate importante con respecto al tema que se va a estudiar y discutir.

2. Más se atacó a la Iglesia y a los curas, que se enalteció la ciencia.

Algunos botones, de muestra:

a) Juicios infundados.

Emitieron sentencias fundadas en afirmaciones apriorísticas, es decir, carentes de sustento argumental. Se denominan también, en el lenguaje cotidiano, "afirmaciones gratuitas". Y las leyes de la Lógica nos aleccionan para hacer frente a tales asertos con el argumento imbatible expresado en este axioma latino: "Gratis affirmas, gratis nego" (lo afirmas gratuitamente, lo niego gratuitamente). Se dijo varias veces, como un sonsonete reiterativo, sin demostración alguna, que la Iglesia católica es retrógrada, obsoleta, oscurantista, retardataria o, incluso, pedófila. Se lo dijo como si se tratara de un hecho indiscutible, contundente: “esto es así, y no de otra manera”. Se dio por verdadero, también, que todos los dogmas católicos son, igualmente represores y obsoletos y, por tanto, totalmente ajenos "a un Estado laico, como el nuestro", ignorando (aquí también sin definir) que laico no es sinónimo de ateo ni de anticlerical, sino, simplemente, "independiente de cualquier organización o confesión religiosa" pero, no por ello, su enemigo furibundo. Es así como, por ignorancia o por conveniencia argumental, evitaron mencionar, tan siquiera una vez, todo lo que aportó la Iglesia a la cultura argentina, como si ella solamente representara el atraso y que, por ende, los mil millones de católicos, y los mil millones de evangélicos que hay en el mundo, fuéramos los retrógrados, y ellos, los únicos listos, inteligentes y modernos. Pero de la Biología, la Genética, la Psiquiatría, o la Endocrinología, no se habló, siendo que es en esas ciencias donde debe buscarse la verdad sobre este punto debatido.

b) Ataques alevosos.

Alguien sentenció, palabras más, palabras menos: "Qué pueden enseñarnos estos pedófilos". Aparte de la bajeza de ese ataque, dicho juicio es un sofisma de "ignorantia quaestionis", porque elude el tema: es decir: no porque ellos digan (sin demostrarlo, incluso) que los curas son pedófilos, la homosexualidad dejará de ser una patología. Pero, además de la bajeza y la ignorancia de la Lógica, denota una ignorancia de la Historia. En efecto: el eminente historiador e investigador, y prolífico escritor estadounidense, Philip Jenkins, no católico, Profesor de Historia y Estudio de las Religiones en la Universidad de Pennsylvania, mundialmente reconocido por su objetividad y su talento, publicó una obra titulada: "Pedophiles and Priest". En ella recoge los resultados de sus investigaciones realizadas a lo largo de veinte años, sobre las transgresiones del clero católico en materia de pedofilia, y concluye:

- Que solamente un 2% de curas incurren en pedofilia. El 98% se mantiene fiel al voto celibatario.

- Que ese porcentaje es superior en otras religiones o en otras profesiones.

- Que los medios publicitan con grandes destaques lo de ese 2%, y nada dice del otro 98%.

- Que el celibato no se relaciona con la mayor o menor frecuencia de estas desviaciones.

Dice: "Mis investigaciones de estos casos durante los últimos veinte años, indican que no hay ninguna prueba de que los sacerdotes católicos u otros clérigos célibes, estén más inclinados a incurrir en mala conducta o abusos que los clérigos de cualquier otra iglesia, o los laicos. Aunque determinados medios de prensa vean este asunto como una crisis del celibato, NO HAY NADA QUE PRUEBE TAL COSA." ¡Qué bueno sería para ciertos senadores argentinos acceder a la lectura de este libro! Así podrán informarse sobre datos científicos, antes de despacharse alegremente, como adolescentes impulsivos, agresivos e irresponsables, con aquella frase de ramplona bajeza citada al comienzo de este tópico. Lo lógico, lo elemental y de sentido común, es que ese 2% guardará silencio en torno a este asunto; y que el justo reclamo proviene, obviamente, de ese 98% que permanece fiel a su compromiso religioso. Nadie da lo que no tiene. Y nadie debe hablar, ni, mucho menos, votar sin estar informado.

3. Daban a entender que "modernizarse" es romper con la moral sexual.

Lo del matrimonio gay figura en el mismo grupo de supuestos "derechos humanos" inventados por los “nuevos iluministas”, tales como el aborto, el libertinaje sexual, la independencia de la patria potestad, y otras "perlas" que no entraré a detallar. Pero es sencillamente espeluznante constatar que lo que antes era un delito para la humanidad, hoy es un derecho humano gracias a ellos; y, por influencia de ellos también, lo que antes era una perversión sexual, hoy es una conducta sexualmente normal. Promueven una moral relativista, de consenso, de conveniencia. Como si lo objetivo no existiera más.


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