viernes, 11 de agosto de 2017

IMPACTANTE TESTIMONIO DE UN SACERDOTE NO CREYENTE EN LAS "SANACIONES MILAGROSAS"



Queridos amigos y lectores:
Copio y pego, con algunas modificaciones para hacerlo más breve, el siguiente artículo, aparecido con el siguiente título: Impresionante Testimonio del Ministerio de Sanación del Padre ...forosdelavirgen.org
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EL PADRE EMILIANO TARDIF: DE NO CREYENTE EN CURACIONES,
SE VOLVIÓ UN APASIONADO SANADOR EN TODO EL MUNDO

Él se consideraba “sólo como el burrito del Domingo de Ramos a quien le ha tocado la suerte de llevarlo  a Jesús por los cinco continentes”.
 

TODO COMIENZA CON UN MILAGRO QUE LE TOCÓ MUY DE CERCA.

Dejémosle a él mismo contar los detalles
 
En 1973, yo era provincial de mi Congregación, Misioneros del Sagrado Corazón, en la República Dominicana. Había trabajado demasiado, abusando de mi salud en los 16 años que tenía como misionero en el país.Pasé mucho tiempo en actividades materiales, construyendo iglesias, edificando seminarios, centros de promoción humana, de catequesis, etc.Siempre estaba buscando dinero para edificar casas y para dar alimento a nuestros seminaristas.El Señor me permitió vivir todo ese activismo y, por el exceso de trabajo, caí enfermo.
El 14 de junio de ese año en una asamblea del Movimiento Familiar Cristiano me sentí mal, muy mal.Tuvieron que llevarme inmediatamente al Centro Médico Nacional. Estaba tan grave que pensaba que no podría pasar la noche.Creí realmente que me iba a morir pronto.
Los médicos me hicieron análisis muy detenidos, detectándome  tuberculosis pulmonar aguda.
Al ver que estaba tan enfermo pensé volver a mi país, Quebec, Canadá, donde nací y vive mi familia.
En Canadá me internaron en un centro médico especializado donde los médicos me volvieron a examinar, pues querían estar bien seguros de cuál era mi enfermedad. El mes de julio se lo pasaron haciendo análisis, biopsia, radiografías, etc.
Después de todos estos estudios, confirmaron de manera científica que la tuberculosis pulmonar aguda había lesionado gravemente los dos pulmones. Para animarme un poco me dijeron que tal vez después de un año de tratamiento y reposo podría volver a mi casa.
 
LLEGA LA SANACIÓN CARISMÁTICA

 
Un día recibí dos visitas muy peculiares.Primero llegó el sacerdote director de Revista “Notre Dame”, quien me pidió permiso de tomarme una fotografía para el artículo: “Cómo Vivir con su Enfermedad”. Aún él no se despedía cuando entraron cinco personas de un grupo de oración de la Renovación Carismática.
En República Dominicana yo me había burlado mucho de la Renovación Carismática, afirmando que América latina no necesitaba don de lenguas sino promoción humana, y ahora ellos venían a orar desinteresadamente por mí.
Estas visitas tenían dos enfoques totalmente diferentes: el primero para aceptar la enfermedad; el segundo para recobrar la salud. Como sacerdote misionero pensé que no era edificante rechazar la oración. Pero, sinceramente, la acepté más por educación que por convicción.No creía que una simple oración pudiera conseguirme la salud.
Ellos me dijeron muy convencidos. — Vamos a hacer lo que dice el Evangelio  “Impondrán las manos sobre los enfermos y éstos quedaran sanos”. Así que oraremos y el Señor te va a sanar. Acto seguido se acercaron todos a la mecedora donde yo estaba sentado y me impusieron las manos.
Yo nunca había visto algo semejante y no me gustó
. Me sentí ridículo debajo de sus manos. y me molestaba la gente que pasaba afuera y se asomaba por la puerta.Entonces cerraron la puerta, pero ya Jesús había entrado.
Durante la oración yo sentí un fuerte calor en mis pulmones
.Pensé que era otro ataque de tuberculosis y que me iba a morir. Pero era el calor del amor de Jesús que me estaba tocando y sanando mis pulmones enfermos.
Durante la oración hubo una profecía. El Señor me decía. “Yo haré de ti un testigo de mi amor”. Jesús vivo estaba dando vida, no sólo a mis pulmones sino a mi sacerdocio y a todo mi ser. A los tres o cuatro días me sentía perfectamente bien. Tenía apetito, dormía bien y no había dolor alguno.
Yo me sentía bien y quería regresar a casa, pero los médicos me obligaron a pasar el mes de agosto en el hospital buscando por todos lados la tuberculosis que se les había escapado y no podían encontrar.
Al final del mes, después de muchos experimentos el médico responsable me dijo:
— Padre, vuelva a su casa. Usted está perfectamente, pero esto va en contra de todas nuestras teorías médicas. No sabemos lo que ha pasado.
— Padre, usted es un caso único en este hospital.
Salí del hospital sin recetas, medicinas ni cuidados especiales. Me fui a casa pesando sólo 50 kilos.El Señor me había sanado.
Mi fe era muy pequeña, tal vez del tamaño de un grano de mostaza, pero Dios era tan grande que no había dependido de mi pequeñez.
De esa manera yo recibí en carne propia la primera y fundamental enseñanza para el ministerio de curación: El Señor nos sana con la fe que tenemos No nos pide más, sólo eso.
 
EL PADRE EMILIANO SE VINCULA
CON LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA


Después del año que supuestamente debía pasar en el hospital regresé a la República Dominicana. Mi superior me destinó a una parroquia en la ciudad de Nagua. Al llegar convoqué unas cuarenta personas para darles el testimonio de mi curación.Recuerdo que invité a los enfermos a pasar el frente para orar por ellos. Para mi sorpresa, había más gente en el grupo de enfermos que entre los sanos. Esa noche se sanaron dos de ellos.
La asamblea estalló en gran alegría y los sanados daban testimonio por todas partes.
Cada semana el Señor sanaba enfermos.

En agosto sanó a doña Sara que tenía cáncer en la matriz.
Ella estaba desahuciada y la habían regresado del hospital para que muriera en su casa. La llevaron a la reunión y durante la oración por los enfermos sintió un profundo calor en el vientre y comenzó a llorar. Poco a poco se dio cuenta que la enfermedad desaparecía. A los quince días estaba completamente sana y volvió al grupo de oración para dar su testimonio, llevando en sus manos su mortaja; los vestidos que sus hijos le habían comprado para el día de la sepultura. La gente venía en gran número. Todos cantaban con alegría y alababan a Dios espontáneamente. A raíz de estas reuniones tan festivas y hermosas algunos sacerdotes comenzaron a decir sarcásticamen­te:
— El padre Emiliano se sanó de tuberculosis pero se enfermó de la cabeza. Afirmaban que me había vuelto loco.
Estábamos delante de la obra del Señor. De eso estábamos seguros.
Los milagros continuaron tan numerosos que no los podría contar: parejas que vivían en concubinato se casaron, jóvenes fueron liberados de las drogas y el alcoholismo.Era la pesca milagrosa (Lc 5,7).
Jesús estaba liberando a su pueblo de las cadenas de esclavitud.


Hay muchos que niegan los carismas, diciendo que no tienen importancia. Pero asíí se instaura el Reino de Dios, a través de acontecimientos tan pequeños y sencillos que, como granos de mostaza, al germinar dan fruto abundante.
El que no crea que tenemos un Jesús vivo que hoy hace maravillas, no le conviene leer lo siguiente, pues le parecería increíble.


INCREÍBLES CURACIONES EN GRUPOS DE ORACIÓN

Primera reuniónDurante las misas del primer Domingo invité a la gente para una conferencia sobre la Renovación Carismática, prometiéndoles contar el testimonio de mi curación. Asistieron unas 200 personas.Pero esa gente tenía tanta fe que en la noche llevaron un tullido en una camilla. Se le había roto la columna vertebral y no había vuelto a caminar desde hacía cinco años y medio.Cuando los vi llegar con él en la camilla pensé que eran demasiado atrevidos, pero me recordaron a aquellos cuatro que llevaron a su amigo paralítico a Jesús (Mc 2,1-12).
Oramos por él y le pedimos al Señor que por el poder de sus santas llagas sanara a este tullido.El hombre comenzó a sudar abundantemente y a temblar. Entonces recordé que cuando el Señor me sanó, yo también sentí mucho calor.
Así que le ordené:
— El Señor te está sanando. ¡Levántate en el nombre de Jesús!Le di la mano y él me miró muy sorprendido. Con mucho esfuerzo se levantó y comenzó a andar lentamente.
— ¡Sigue caminando en el nombre de Jesús -le grité- ¡El Señor te está sanando!
El daba un paso y otro paso. Llegó hasta el Sagrario y, llorando, daba gracias a Dios.Todo el mundo alababa al Señor mientras el curado salía llevando su camilla debajo del brazo.
Ese día otras diez personas también fueron curadas por el amor de Jesucristo.
¡Qué sed tiene la gente de oración! Se acercan a nosotros para pedirnos que les enseñemos a orar. Como Jesús, debemos enseñarles orando con ellos.

Segunda reunión
El siguiente miércoles llegaron más de 3.000 personas. Entonces realizamos la reunión en la calle porque no cabíamos en la iglesia. Como no se podía hacer asamblea de oración con tanta gente, prediqué media hora antes de celebrar la Eucaristía por los enfermos.Había allí una mujer llamada Mercedes Domínguez. Estaba completamente ciega hacía 10 años, y durante la oración por los enfermos sintió un intenso frío en los ojos. Regresó a su casa muy emocionada, diciendo a todo mundo que podía ver un poco. ¡Al día siguiente amaneció completamente sana! El Señor le abrió los ojos y ella abrió la boca para testificar por todas partes su maravillosa curación. Esta sanación impresionó mucho a todo el pueblo.



Tercera reunión
Nos fuimos al parque, al aire libre, para celebrar la gloria del Señor. Era como cuando Jesús llegaba a Cafarnaum o Betsaida.El mismo Jesús, vivo, llegaba a nuestro pueblo. El parque parecía la Piscina de Bezatá: llena de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, esperando su curación. (Jn 5,1-3).Esa noche había más de 7000 personas. Hicimos lo mismo: predicar el amor de Jesús; que él está vivo en su Iglesia y sigue actuando con signos y prodigios. Celebramos la misa y de nuevo el Señor comenzó a sanar enfermos. Era algo casi exagerado.

Cuando le pedimos algo a Jesús, Él nos da todo porque él no tiene límite en su poder ni en su amor. El no sana sólo a dos ni a tres; son cantidades enormes. La policía estaba muy molesta porque tenía que trabajar horas extras tratando de controlar el excesivo tráfico en un pueblo tan pequeño.Entonces los oficiales fueron ante el jefe de policía a pedirle que prohibiera esas reuniones.El jefe abrió las manos y les respondió con una sonrisa: — Yo también hubiera querido suspenderlas, pero mi esposa se curó en una reunión de éstas…Ella tenía doce años enferma y fue tocada por el amor de Dios. Después de algunos días ambos recibieron el sacramento del matrimonio. ¡Qué maravilloso es el Señor!
El Señor había previsto todo; en vez de suspender la reunión tuvimos 18 policías extras
para dirigir el tráfico durante el siguiente miércoles.

Cuarta reunión
Era el 9 de julio, aniversario de mi regreso a la República Dominicana.Desde las 9 de la mañana llegaban autobuses y camionetas con gente de todo el país.Hasta los taxistas nos hacían propaganda, pues les convenía también a ellos.Esa tarde había unas 20.000 personas en oración.
Por tanta gente, nos tuvimos que subir al techo, donde colocamos el altar y los parlantes. ¿Saben ustedes cómo “solucionó” Dios que la policía quería acabar con las reuniones? Esa noche curó a un policía que sufría un derrame cerebral que lo tenía semiparalizado.
A partir de esto teníamos a todos los policías completamente de nuestra parte.
En verdad que la forma de terminar Dios con los problemas es mejor que la nuestra.
Una señora, conocida por todo el pueblo, que estaba sorda hacía 16 años, se curó completamente.
Sintió primero un zumbido y luego se dio cuenta que oía perfectamente la predicación.
Un hombre que no podía caminar sino que gateaba, también se curó en esa ocasión. Hubo derroche de milagros y prodigios. Vimos de todo.
Era vivir a todo color, en vivo y directo, lo que cuenta el Evangelio; era Jesús resucitado caminando entre nosotros y salvando a su pueblo.
Esa noche hubo más de cien curaciones, según los testimonios recibidos.


Quinta reunión
La policía calculó en base a los metros cuadrados aquella multitud ¡eran 42.000 personas! Vino gente desde Puerto Rico, Haití y de todas las parroquias del país.La gente aumentó tanto, por la simple razón de que el Señor Jesús no ha cambiado todavía su manera de trabajo. Mientras nosotros buscamos métodos pastorales más eficaces y acordes con nuestro tiempo, el Señor continúa con el suyo: él recorría la Galilea sanando a los enfermos; entonces las multitudes le seguían, y él les predicaba la Palabra de salvación (Lc 6, 1 7-23).
Hoy sigue haciendo lo mismo: sana a los enfermos, la gente se reúne por miles y nosotros proclamamos el Reino de Dios. Es sencillamente el Evangelio que se repite.


EL DOMINGO DE RAMOS DEL MINISTERIO 
DEL PADRE EMILIANO

El Señor entró triunfalmente no sólo en el pequeño pueblo de Pimentel, sino en el país entero y más allá de sus fronteras.
El Señor entró en los medios de comunicación curando a la madre de un locutor de televisión. Este locutor se encargó de testificar el milagro delante de las cámaras.
Esos días era como estar en la cumbre del Tabor contemplando la gloria del Señor. Era compartir con Jesús aquello que le dijo su Padre:tu eres mi hijo muy amado en quien yo tengo mis complacencias.

El 16 de julio el Señor nos previno en profecía, anunciándonos que seríamos atacados, y ridiculizados, pero que no deberíamos temer, pues él ya había vencido al mundo.
Pasaron tres meses y el párroco que estaba de vacaciones regresó. Se sorprendió con todo lo que encontró y lo que la gente contaba. Todo era tan extraordinario que no podía creerlo.El Señor había visitado su pueblo suscitando una fuerza salvadora en su parroquia, haciendo misericordia con los suyos, encendiendo una luz en medio de las tinieblas.
Era el Domingo de Ramos en el que el Señor entraba triunfal a su pueblo.


LA SEMANA SANTA DEL MINISTERIO DEL PADRE EMILIANO

Todavía no despertábamos del vino embriagador de su amor cuando unas negras nubes surcaron los cielos. De pronto todo se oscureció y se ocultó el sol. Aunque yo sabía que el Señor estaba conmigo, los vientos de tempestad comenzaron a soplar furibundos.
El secretario de Salud me acusó por la televisión de abusar de la ignorancia del pueblo, haciéndolo creer que sanaba. Dijo que yo era un charlatán
y que engañaba al pueblo; que por qué no me iba a hacer lo mismo a un país desarrollado, como Canadá.
Otros me atacaron diciendo que, como extranjero, yo no conocía al pueblo y que todas esas curaciones y milagros llevarían al pueblo a la brujería y al espiritismo.Yo les contesté que en verdad yo no conocía tanto al pueblo pero sí conocía bien a Jesús y él jamás nos lleva al espiritismo o a la brujería.Por radio, prensa y televisión hubo muchos ataques. En pocos días yo era un brujo y un mentiroso.
Porque creía y proclamaba que Jesús estaba vivo, salvaba y curaba a su pueblo, decían que estaba loco, que era un fanático y otras cosas más. En menos de 24 horas la prensa que antes me admiraba ahora luchaba en contra mía. Entonces comprendí que frágil es la fama que el mundo ofrece y qué locura es buscar la opinión de los demás.
En unas cuantas horas se viene abajo la espuma de la gloria.
Pero mi confianza estaba en Jesús, que es el mismo, ayer, hoy y siempre.
Unos que se decían psicólogos vinieron a decirme que era natural y que no había nada de milagroso en que sucedieran tales curaciones. Que todo era debido al contagio de masas y a histeria colectiva. Simplemente les contesté que entonces me parecía una gran injusticia que, sabiendo tanto de esto, ellos no organizaran reuniones cada tarde para curar a todos los enfermos del país.
Otros atacaban la inmadurez de la gente diciendo toda esa multitud sólo viene por curiosidad y por los milagros de curación. Yo les contestaba.¿Qué importa la razón por la que ellos vienen? Lo importante es que estén aquí para que los evangelicemos.
Tanto me preguntaron si no me estaba volviendo loco que un día les contesté.
— Yo también estoy preguntándomelo, pues ahora ya no sé hablar sino de mi Señor Jesucristo.
Los párrocos vecinos también se pusieron celosos.

Un grupo del clero pidió que mi Provincial me sacara del país porque con esas tonterías yo iba a destruir la estructura de la Pastoral.
Yo les contesté que Jesús no había sido enviado a salvar las estructuras pastorales sino a salvar a su pueblo y que eso era lo único que él estaba haciendo en medio de nosotros.
Me acusaban que yo estaba vaciando las parroquias, pero yo no invitaba a nadie. Yo solamente proclamaba el Evangelio.
Un sacerdote me decía que estábamos exagerando y que era necesario ir más despacio.
San Marcos, que es el más antiguo de los cuatro evangelistas, nos relata 18 milagros y curaciones de Jesús en 16 capítulos. Si quitáramos los signos de poder del Evangelio de Marcos nos quedaría una o dos páginas.
Hay muchos que por haber eliminado este aspecto tienen un Evangelio mutilado, pobre, reducido a doctrina y teorías.
Me atacaron tanto de todos los frentes, hasta de los que se suponía estaban del lado de Jesús, que tuve que sacar un artículo en la revista “Amigo del Hogar” en agosto de 1975.
Se titulaba: “LA CULPA ES DE CRISTO”. Entre otras cosas, decía lo siguiente.
Ante los riesgos reales de caer en el fanatismo por lo milagro­so, incurrimos en el extremo contrario, a veces más grave que el primero: olvidar que Dios es el maestro de lo imposible.
La curación es realmente la respuesta a una oración de fe, como lo vemos tantas veces en el Evangelio. Esta oración puede ser del enfermo o de los que lo acompañan, de la comunidad o de una persona”. Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Él es el Señor de la historia y actúa como bien le place sin preguntarnos ni pedirnos nuestro parecer o permiso para realizar sus prodigios ¿Quiénes somos entonces para oponernos o tratar de limitar la obra de nuestro Dios?
Estamos convencidos de que Él no se opone a la medicina. Lo que sucede muchas veces es que existen miles de personas que no tienen dinero para pagar al médico, la clínica ni los medicamentos.¿Qué de extraño tiene que nuestro Dios se ocupe de los pobres y que El personalmente los atienda?
La fe es lo que nos hace reconocer lo que ellas significan, que Dios ama a los hombres, que Cristo está vivo y que la Iglesia tiene el poder del Espíritu Santo para resucitar a los muertos.
El Señor me hizo recapacitar y darme cuenta que no debía de­fenderme de los ataques como él tampoco se defendió de quienes lo acusaban. Si yo me defendía con mis medios y argumentos no le permitía que El fuera mi defensor con sus medios y argumentos. El tiempo me ha convencido de que son más peligrosas las adulaciones que las críticas.
Inconscientemente nos podemos olvidar que somos simples vasos de barro, pero el Señor se encarga de recordárnoslo mediante la cruz de la incomprensión.
Los ataques fueron tan violentos y continuos que a veces yo pensaba que ya no resistía. Por todas partes me acorralaban. Yo mismo me sentía solo en un camino nuevo.
Pude escuchar, en mi corazón, que Jesús me decía:“Después de haber saboreado la alegría del Domingo de Ramos ¿no te parece normal probar algo de Semana Santa?”
Esta palabra me sanó interiormente.Desde entonces veo los problemas de manera distinta y en completa paz.
Cuando las cosas van bien, digo: “estamos en Domingo de Ramos”.
Si hay dificultades, simplemente afirmo, “estamos en la Semana Santa”.
De todos modos, la Pascua no está lejos. Gloria a Dios.
Nuestro pueblo estaba dormido en un letargo de pasividad. Vino el Señor y sacudió todo.
La gente iba a consultar a los sacerdotes para preguntarles por estas cosas. Entonces ellos tenían que leer e informarse para dar respuestas adecuadas.
Hasta la Comisión Episcopal se reunió para dar una declaración. Esto era muy importante para mí.
Yo estaba cierto que la obra era de Dios, pero necesitaba el discernimiento de los Obispos.
Para mí ellos eran la voz de Dios. Publicaron una declaración titulada:
“El Papa aprueba y estimula las reuniones de oración carismáticas”.Luego, como subtítulo, decía: Monseñor Pepén (Secretario Nacional del Episcopado) aprueba la obra del padre Tardif.
Cuando yo lo leí me dio gusto, pero también me dio risa, y dije: “la obra no es mía…”
Como San José, yo estaba seguro de que esa vida que había germinado en el seno de la Iglesia no era mía.

SE INTERNACIONALIZA EL MINISTERIO DEL PADRE EMILIANO

Sin saber cómo ni por qué, recibí una invitación de Mons. Carlos Talavera para predicar un retiro sacerdotal en Guadalajara, México. De allí han venido surgiendo otras invitaciones para proclamar las maravillas del Señor en otros países de América Latina. Comienzo a vislumbrar que se avecina una era gloriosa para la Iglesia. Creo que ha llegado el tiempo de predicar en los terrados, es decir, fuera de los recintos sagrados, porque la gente ya no cabe en nuestros templos. El Señor nos lleva hasta los confines de la tierra para dar testimonio de que él está vivo.
Después de un viaje a Panamá volví a mis tareas parroquiales. Al día siguiente me preparé para visitar una comunidad perdida en la montaña. El viaje lo tenía que hacer en burro. Mientras caminaba lentamente mi asno, iba pensando. ¡Qué maravillosos son los caminos de Dios! En avión o en borrico siempre somos sus mensajeros.
El Señor prendió la mecha y ahora es un fuego que nadie puede extinguir.
He comenzado a recibir cartas de Francia, Sudamérica y Filipinas.
Otros me escriben desde países que desconozco dónde quedan en el mapa; a veces recibo correspondencia en idiomas y signos que no entiendo. Como no comprendo lo que dicen, simplemente pongo en manos del Señor estas cartas y le pido que como El sí las entiende, las conteste por favor.
No recuerdo haber tenido nunca tan buena salud como ahora. Como de todo, duermo bien, trabajo mucho y me siento perfectamente.
El Señor me ha devuelto la salud completa y yo se la entrego al servicio de la evangelización de su pueblo.
Sin embargo, creo que el don más grande que El me ha dado es el de la alegría.Soy feliz a tiempo completo. Nunca había vivido mi sacerdocio tan plenamente como ahora.
Fuentes: Jesús está vivo, escrito por el Padre Emiliano Tardif en 1986

QUERIDOS AMIGOS:
Termino con esta reflexión que puse en mi blog, comentando el ministerio del pastor T. B. Joshua:
 
Sacerdotes católicos como el Padre Emiliano Tardiff (https://youtu.be/xmGYWHErgwg) y el Padre Inocencio Llamas, que también visitaron nuestro país, desplegaban idéntico ministerio de amor y compasión a enfermos del alma o del cuerpo. 
Cumplir ese ministerio no tiene nada de extravagante u opuesto a la doctrina cristiana. Por el contrario. En Mateo, 10:8 leemos:
"Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia".

Pero no debemos tener la arrogancia de decir que ese mandato lo hizo Jesús ¡sólo para los católicos! ¡Noo! 
Leamos (en Marcos 9: 38):
Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos. Jesús les dijo: No se lo prohibáis, pues ninguno que haga un milagro en mi nombre hablará luego mal de mí. El que no está contra nosotros, está con nosotros".
Cordiales saludos:
Dr. Francisco Oliveira y Silva

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